1. Eli


    Fecha: 24/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Montes Federico, Fuente: CuentoRelatos

    ... en Martelli unos años. Si no te molesta, te llevo. Voy para Escobar y me queda casi de paso”.
    
    - “¿En Escobar? ¿Y venís acá a dar una charla”?
    
    - “Si, en coche a esta hora tengo media hora de viaje nada más”.
    
    - “Pero te voy a hacer desviar mucho”.
    
    - “Eli, el coche no se queja y yo tampoco. Vamos. Vos me acompañaste a mi a comer y yo te acompaño a tu casa”.
    
    - “Si no, acercame hasta Puente Saavedra y tomo el 161”
    
    -”¿A esta hora? El 161 viene cada media hora con suerte. No jodás, dale”.
    
    - “Bueno, me da no sé qué”
    
    - “Que no te dé nada. Es un placer” y, tomándola del brazo, la apuré para irnos.
    
    El viaje sirvió para conocernos más. Tenía 24 años y una vida sin apuros. Los viejos tenían una librería y, pese a estar jubilados, seguían trabajando porque el negocio, el contacto con los vecinos, era su vida. Sus dos hermanos mayores estaban viviendo en España y ella se decidió a empezar la Facultad tarde. Ayudaba a los padres unas horas a la mañana y después se dedicaba a estudiar y salir.
    
    Yo le conté de mi vida. Mi militancia de muchos años, mis hijos ya crecidos, mi actual vida, con poca exigencia (tenía dos casitas que alquilaba y le había dejado mi empresita de construcciones al mi socio y algo de dinero de ahí me entraba). Pensé en mentirle en la edad, pero me pareció muy boludo hacerlo y le sinceré mis sesenta años. Hice deportes toda mi vida y siempre me cuidé y normalmente me dan menos edad, pero no me daba para macanearla en eso. Me agradeció mucho ...
    ... cuando llegamos a su casa y me despidió con un cálido abrazo después de intercambiar números de celulares.
    
    Dos semanas después, me habían invitado a dar una charla sobre el origen del patriarcado en un local de un grupo feminista y se me ocurrió mandarle un wasap a Eli, invitándola si quería venir. Su respuesta me dejó impactado: “Por supuesto que voy. Por fin aparecés” con un emoticón de sonrisa y un beso. “Querés que te pase a buscar” le respondí. “No. Es mucho, demasiado” fue su respuesta. “Tal vez lo sea para vos, para mi no, me encantaría hacerlo”. Su respuesta tardó más de media hora. “Bueno, si insistís”. “El viernes a las 18 h estoy en tu casa”, le escribí. “No, porfi, esperame en la Puma de San Martín y Constituyentes”, escribió al toque. “Ok. Allí te espero”.
    
    Cuando la vi llegar me dejó sin aliento. Estaba hermosa y vestida sencilla (tal como después supe que era su costumbre), pero muy bien arreglada para resaltar sus formas. El abrazo y el beso de saludo me parecieron más cálidos y largos de lo esperable, pero temía estar dejándome llevar por mis ansias. Charlamos todo el viaje. Estaba alegre y desenvuelta (más que yo, seguro). La charla fue animada y nuevamente Eli intervino con lucidez y preguntas y opiniones fundadas e interesantes. Cuando terminé de contestar, saludar, agradecer y hasta sacarme selfies, la vi esperando apoyada contra una columna.
    
    - “Se te fueron al humo todas las chicas”, me dijo entre sonriente y (me pareció) en tono de protesta.
    
    - ...
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