1. La Isla Evanescente 26


    Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... hidromiel. Subió a la habitación con la cabeza dándole vueltas y se tiró sobre la cama. La joya que había escondido bajo el colchón se le clavó en la espalda. Con un movimiento automático, hurgó bajo el jergón y sacó la joya. Era una enorme gema esférica del tamaño de un huevo de ave elefante, de color rojo jaspeado. Con la mente perdida muy lejos fijo su mirada en aquellas vetas, que comenzaron a flotar creando formas caprichosas. En ese momento sintió un agudo pinchazo en la cabeza que la obligó a cerrar los ojos. Sin darle tiempo a abrirlos se formó una imagen en su mente. Era Albert, su figura y la inconfundible forma de andar lo identificaba. Estaba paseando con un par de niños de la mano y una mujer los seguía. No sabía cómo, pero sabía que todo aquello era real y estaba ocurriendo en ese momento. Una oleada de celos la alcanzó como un rayo. Estaba a punto de lanzar aquella joya contra la pared cuando alguien llamó con brusquedad a la puerta.
    
    —¡Eh! ¡Desgraciada! El rey requiere su presencia inmediatamente en palacio. —dijo una voz malhumorada desde el otro lado de la puerta.
    
    Lórax
    
    Trató de concentrarse por enésima vez, pero siempre que parecía que estaban a punto de recordar un hechizo se le esfumaba de la mente. Ahogó los gritos de frustración. Kelmahir se lo había dicho muchas veces, debía mantener la mente fría y seguir intentándolo, una y otra vez.
    
    Había sido un error garrafal. Estaba tan concentrado en llevar a todos lo más rápido posible, agobiado ...
    ... al ver la sangre manando a borbotones del cuerpo de su maestro, que no se acordó de enviarse a sí mismo. Cuando la bruja lo capturó, pensó que acabaría con él inmediatamente, pero sin embargo se quedó mirándolo fijamente, aparentemente fascinada.
    
    No sabía que había pasado exactamente, pero sin ninguna explicación lo ataron y lo amordazaron para evitar que pudiese conjurar y un marinero enorme lo cargó a cuestas como un fardo y lo sacó de una biblioteca que era pasto de las llamas.
    
    Una vez en el barco, la reina hechicera le lanzó el conjuro de confusión. Al principio no era capaz de hilar un solo pensamiento, pero a lo largo de las horas su ofuscación se fue desvaneciendo, aunque quedó una especie de laxitud en su actitud que le impedía concentrarse seriamente en cualquier hechizo.
    
    Los días siguientes permaneció atado y tirado en un coy en la bodega de una galera. Desde su hamaca, el rítmico golpeteo de los tambores y la zambullida de los remos se convertía en hipnótico y hacía que el tiempo se diluyera y mezclara haciendo que, cuando el barco atracó, no tuviese ni idea de cuánto tiempo había durado la travesía.
    
    Unas pocas horas después, alguien le soltó las ataduras y le obligó a mover los miembros anquilosados por una estrecha tabla hacía un muelle. El soldado que lo escoltaba no le dijo que ciudad era aquella ni a dónde le llevaban. De la ciudad en que se encontraban no se enteró hasta días después, pero en pocos minutos se encontró en el fastuoso salón de ...
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