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La Isla Evanescente 26
Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
XXVI La resolución del rey Egsum no tardó en llegar. Apenas cinco semanas después de que sus funcionarios se hubiesen ido, un mensajero llegó con el edicto que la conminaba a dejar en manos del general Thornwall, ahora conde Thornwall, el gobierno de la baronía. Ella ya lo esperaba y tenía una respuesta preparada que le dio al mismo mensajero. No se había andado por las ramas. Nada de florilegios ni palabras almibaradas. Simplemente se limitó a escribir en el pergamino sellado que había entregado al mensajero: "Si el conde Thornwall quiere su condado, que venga a por él" En cualquier otro lugar del mundo aquello hubiese significado un desafío directo a la autoridad del rey, pero en Skimmerland las cosas no eran tan sencillas. Siempre había sido un reino orgulloso de sus gestas heroicas, de las grandes batallas que habían hecho de él, uno de los estados más poderosos del continente, daba un gran valor a las hazañas heroicas y hacía que los meritos bélicos fuesen uno de los principales canales para el ascenso en el escalafón social. El rey Egsum podría haberse tomado esa frase como un insulto... o como una muestra de firmeza y valentía que merecía ser premiada. Al final el rey no optó ni por lo uno ni por lo otro. Era obvio que las palabras de Zananda lo habían irritado y había tomado la decisión de destituirla por la fuerza y le había asignado al propio Thornwall la misión, pero también la había subestimado y apenas le había dado un par de escuadras de caballería ...
... al general, librándole a sus propias fuerzas. Si el general Thornwall conquistaba Callanor por la fuerza, no habría duda, habría elegido a la persona adecuada para el puesto. Desde que envió la respuesta, su actividad fue febril. Reclutó un cuerpo de mercenarios procedentes de Haabort y a casi todos los jóvenes aptos para pelear y empezó a adiestrarlos para la guerra. Utilizando sus hechizos para acelerar su adiestramiento, enseguida empezó a ver progresos y el joven Tair comenzó a destacar por su fuerza y su astucia. Enseguida lo promovió a oficial y aunque aun estaba verde para el mando, lo destinó al estado mayor de su pequeño ejército, para que aprendiese de los oficiales mercenarios, bárbaros curtidos en cientos de batallas. El invierno llegó cerrando los pasos e impidiendo a aquel advenedizo atacar inmediatamente. Zananda no perdió el tiempo y creó un bastión a la entrada del valle. Si querían entrar en Callanor tendrían que forzar la entrada por ese punto o dar un rodeo de casi cien millas por un terreno escabroso, poco apto para las carretas de suministros. El general se vería en un dilema y tendría que elegir entre asaltar cuesta arriba aquella fortaleza o rodear el obstáculo con el riesgo de alargar la cadena de suministros y cansar a sus hombres antes del enfrentamiento. Con la llegada de la primavera y el deshielo, la llegada de los agresores era inminente. La población de Callanor estaba nerviosa por el resultado de aquella aventura. Dejar la victoria ...