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La Isla Evanescente 26
Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... excelente oficial. —le interrumpió ella— Y ahora estoy terriblemente escasa de oficiales de confianza. Necesito hombres como tú, pero para eso necesito que atiendas a las lecciones de Holguer y que aprendas lo más rápido que puedas. No disponemos de tiempo. Entre tanto las esclavas pasaron ante él, retirando las carnes y sirviendo fruta y pastelillos de miel. Los ojos del joven se desviaron siguiendo las cimbreantes caderas de las jóvenes esclavas. Zananda le observó con una sonrisa y un nuevo pinchazo de deseo recorrió su bajo vientre. Deseaba a aquel joven. Hubiese podido atraerlo con un conjuro, pero prefirió que el proceso fuese más natural. Un vinculo establecido de aquella manera era más potente que cualquier conjuro. En cuanto se retiraron las esclavas siguieron charlando sobre lo que podía esperarles tras el desafío al rey y pudo detectar su nerviosismo. —Es muy bonito lucir ese uniforme de oficial en la villa. Seguro que un hombre tan guapo se rifara las mujeres más bonitas del pueblo. —dijo ella— ¿Pero cuando llegue el momento lucharas por mí? —Por supuesto mi señora. Lucharé por Calannor y luchare por su excelencia... —Llámame Zananda. —le interrumpió ella levantándose. Al ponerse en pie, los pliegues de su vestido se deshicieron y el joven siguió los pesados pechos de la hechicera bamboleándose pesadamente hasta quedarse quietos y tiesos apuntándole. —¿Estarás ahí para cubrirme... las espaldas? —dijo ella girándose y dando al joven una vista ...
... de la espalda que el vestido dejaba prácticamente entera al aire. El joven no lo dudó, el general bárbaro tenía razón; Tair era un joven atrevido e inteligente. En un par de segundos lo percibió respirando justo detrás de ella. Aun no se había atrevido a tocarla, pero cuando ella giró la cabeza y lo miró, el hombre no se lo pensó y la abrazó por la cintura contra él. —Siempre estaré cubriendo tus espadas. Te seguiré al infierno si hace falta. —le susurró el guerrero al oído. —Espero que no haga falta llegar tan lejos. —replicó ella girando de nuevo la cabeza y entreabriendo los labios. El joven Tair la giró y le dio un largo beso mientras se apretaba contra ella y recorría su espalda con suavidad, originando un placentero hormigueo en todo su cuerpo. Ya no se acordaba de la última vez en que había sentido un deseo tan intenso. Todo su cuerpo tembló de placer anticipado y Tair, educadamente, fingió no darse cuenta y la cogió en brazos. Siguiendo sus indicaciones la llevó por un largo pasillo hasta una puerta que abrió de una patada. Aquella puerta dio paso a una lujosa estancia de altos techos. Cuatro columnas de alabastro rodeaban su lecho. Las lámparas de aceite iluminaban el dormitorio con una luz dorada, añadiendo calidez a la estancia. Tair la llevó entre candelabros y tapices hasta el lecho, pero una vez allí ella no se dejó depositar mansamente, sino que se puso de pie y le obligó a sentarse sobre el lecho mientras ella se deshacía de su vestido ante él. ...