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Luces rojas de Ámsterdam
Fecha: 09/09/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... especial. —¿Te animas o te rajas? —pregunté desafiándola, señalando en el menú el muffin en cuestión. —¡Puto el que se raje! —respondió ella enérgicamente golpeando la mesa con la mano cerrada, visiblemente ebria. Todo estaba dicho, estaba claro que esa noche estábamos más que dispuestos a todo. Pedimos el muffin y comenzamos a comerlo lentamente en pequeños trozos. Los alucinógenos que contenía el pastelillo comenzaron a hacer efecto en un par de minutos, invadiendo nuestros cuerpos con una extraña sensación de euforia y excitación. Ambos nos echamos a reír, recargándonos uno a lado del otro, enajenados del mundo a nuestro alrededor. Entre copas y muffins pasaron un par de horas en lo que daba inicio la función erótica. Decidimos dejar el bar y caminar un par de calles hasta donde se encontraba el teatro. El camino estaba lleno de tiendas de artículos eróticos, que se aprovechaban de los drogados y poco inhibidos trasnochadores como nosotros. Películas pornográficas, disfraces de lencería, juguetes sexuales, dulces con la forma de penes o senos, pasteles eróticos, etcétera. Todo relacionado con el sexo. Llegamos al lugar, el cual era realmente una antigua casa habilitada como un teatro. Entramos por un pequeño patio donde había una especie de taquilla y tienda de recuerdos, con algunos souvenirs y películas para adultos. Al momento que llegamos todavía se encontraban varias personas que salían de la función anterior. Se podía notar en la expresión de sus ...
... rostros, que se encontraban muy alegres y excitados por el espectáculo que acababan de presenciar; por lo que mi novia y yo nos atrevimos a presagiar que pasaríamos un muy buen rato aquella noche. Entregamos los boletos al cadenero de pie en el pasillo de acceso. Él los tomó y simplemente los rompió por la mitad para marcarlos antes de invitarnos a pasar por el pasillo que llegaba hasta la sala donde sería la función. El auditorio no era muy grande, eran como 8 filas, de 6 asientos cada una, para 40 o 50 personas a lo mucho, con una pequeña plataforma elevada al frente; en el cual se encontraba una pantalla de proyección en la pared del fondo. Liz y yo nos miramos a los ojos desconcertados; daba la impresión de que en lugar de una obra de teatro pasarían una película. Quizás nosotros habíamos entendido mal a Iridia, ¿De qué forma una película podría ser interactiva? Nos preguntamos. Aun así, todavía con los efectos del ingrediente secreto del muffin, mi novia y yo estábamos más que dispuestos a disfrutar de una nueva experiencia. —¡Puto el que se raje! —exclamamos una vez más riendo divertidos, antes de sentarnos en medio de las butacas de la segunda fila. Liz y yo nos encontrábamos bromeando, cuando noté que, en la fila de enfrente a nuestra izquierda, se sentó una pareja de mediana edad como de unos cincuenta años. La dama también iba vestida muy provocativamente para su edad, con una minifalda negra y una blusa blanca muy escotada; pero definitivamente no se ...