1. Luces rojas de Ámsterdam


    Fecha: 09/09/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos

    ... ropas.
    
    —Buenas noches —dijeron cada uno de ellos antes de retirarse al pasar a mi lado, o al menos eso creo que dijeron.
    
    —Estuviste increíble mi amor —dije a Liz, felicitándola por su extraordinaria demostración de temple bajo presión.
    
    —Tú también estuviste genial amor, no creí que lo hicieras; pensé que te acobardarías en la primera escena —respondió ella poniéndose de pie para lanzarse a mis brazos.
    
    —Claro que lo pensé —confesé—, pero sabía que si lo hacía me lo echarías en cara toda la vida.
    
    —Efectivamente, te lo hubiese recordado todos los días de tu vida —confirmó mi suposición.
    
    Nos fundimos en un enorme beso de celebración por nuestro triunfal debut en ese singular teatro. Un beso con un extraño sabor a semen, pues el rostro de Liz seguía impregnado con los espesos fluidos corporales de otros hombres. Sugerí a mi novia ir al tocador para que se aseara, cosa en lo que ella estuvo de acuerdo.
    
    Al entrar al cuarto de servicio, mi novia notó el curioso rotulado de las cabinas sanitarias y e inmediatamente esbozo una sonrisa de lujuria en su rostro. Antes de que yo pudiera comprender la razón de su alegría, ella se lanzó a mis brazos nuevamente besándome con pasión; jalándome con ella al interior de la cabina del centro, justo la que tenía el símbolo de una mujer gravado en la puerta.
    
    A pesar de que su rostro conservaba aún el aroma y sabor del semen de aquellos dos extraños, me fue imposible resistirme a los encantos de mi novia, quién como ...
    ... poseída me empujó bruscamente para sentarme sobre el retrete cerrando la puerta de la cabina tras de sí. ¡Jamás la había visto con esa actitud tan salvaje! La amaba.
    
    En retrospectiva, su reacción era muy natural, más que justificada. Liz había sido forzada a suprimir cualquier rastro de emoción humana, durante todo el tiempo que duró la función de teatro erótico, alrededor de cuarenta minutos, era justo que ahora le tocara disfrutar un poco a ella; que cobrará revancha por decirlo de alguna forma. En ese momento comprendí, que yo tendría que sufrir las consecuencias de su tortura previa.
    
    Liz abrió las piernas sentándose sobre mi regazo y abrazándome por el cuello, en lo que continuaba comiéndome a besos. Instintivamente le correspondí, removiendo de sus hombros los tirantes de su blusa, dejando sus perfectos senos desnudos frente a mí, disponibles para jugar con ellos a mi antojo.
    
    Mi novia sonrió lascivamente en lo que yo descifraba las emociones reflejadas en su rostro. Resultaba obvio que ella tenía unas enormes ganas de fornicar en aquel inmundo cuarto de servicio. Una oportunidad para realizar una más de mis fantasías que tampoco podía dejar pasar: la de tener sexo en un lugar público. Pero había un problema.
    
    Yo me encontraba muy agotado todavía, por haberme masturbado tan sólo unos minutos antes en el auditorio, no creía que fuera capaz de satisfacer a mi novia en ese preciso momento. Aterrorizado, en un segundo contemplé mi vida entera a lado de Liz, siendo ...
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