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Luces rojas de Ámsterdam
Fecha: 09/09/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... recriminado eternamente por no haberle podido cumplir por segunda vez como hombre en aquel día. Mi virilidad quedaría en entredicho; sólo un nuevo milagro me salvaría. Dirigí mis ojos hacia el techo esperando una vez más por ese milagro, en lo que Liz se arrodillaba frente a mí para desabrochar mi pantalón con desesperación; sin detenerse a pensar en la suciedad del asqueroso piso sobre el que apoyaba sus rodillas, ávida por encontrar un pene en erección. Como deseaba poder ofrecerle lo que ella buscaba... Y entonces un segundo milagro sucedió. Por un pequeño orificio, en la pared a mi derecha, un pálido y erecto intruso se hizo presente en medio de nuestros rostros; ofreciéndonos salvar la noche, como si hubiese estado escuchando mis plegarias. Se trataba de un pene, un miembro de hombre, el cual nos observaba detenidamente con su único ojo. Mi novia se detuvo inmediatamente, al tiempo que ambos hacíamos viscos, al enfocar los ojos en el intruso enfrente de nosotros. En realidad, no se trataba de un completo desconocido, al menos no para mí, era alguien que yo había tenido la oportunidad de conocer previamente esa misma noche. Se trataba del canoso y marchito miembro del maduro hombre pareja de la rubia de la primera fila quien, sin invitación, se presentaba en nuestra cita. Para ser sinceros, aquel pene estaba muy lejos de ser tan grande y grueso como mi propio miembro; pero dadas las circunstancias, me daba la impresión de ser enorme. Y por otro lado era ...
... exactamente lo que necesitaba en ese momento: un bien erecto pene que poder ofrecerle a mi novia. Nuestras miradas se cruzaron una última vez para recordarnos mutuamente el pacto que aquella noche ya se había convertido en nuestra única ley. —¡Puto el que se raje! —exclamamos esta vez en voz fuerte dispuestos a practicarle a ese extraño sexo oral. Sonrientes, decididos, audaces. El pene se blandía innecesariamente, tratando de llamar nuestra atención; tan cerca de nuestros rostros, que podíamos oler sin problemas su fragancia. Era un olor rancio y ácido, como la orina acumulada en los mingitorios detrás de la puerta. Un olor que penetraba por nuestros orificios nasales, cada vez que respirábamos excitados por la situación. Pero ese olor era lo que menos me preocupaba. Nunca le había practicado el sexo oral a un hombre, no estaba seguro si llegaría a estar a la altura de las circunstancias. Pero mis temores se desvanecieron tan rápidos como llegaron al recordar que contaba con la asesoría de primera mano (en sentido figurado), de toda una experta para realizarlo. Una sacudida más de aquel mal oliente miembro fue todo lo que se necesitó para que Liz y yo, obedientemente comenzáramos a premiarlo. ¡Bienvenidos a mi primera lección de sexo oral! Liz en su papel de instructora tomo la iniciativa, soltando primero un pequeño y fugaz beso en la blanca cabeza de ese pene para después con un gesto invitarme a hacer lo mismo. No había duda que valiera; sin pensarlo hice ...