1. Luces rojas de Ámsterdam


    Fecha: 09/09/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos

    ... miembro perdía su rigidez reposando flácido sobre mi lengua. Era una sensación tan extraña. Me encantaba.
    
    El hombre comenzó a retirar su miembro de mi boca, en lo que yo le regalaba un masaje al momento de extraerlo, procurando limpiar muy bien cualquier rastro de semen de la cabeza de su pene. Era tan tibio y delicioso que no podía evitar recriminarme el no haberlo probado antes; pero en fin, “nunca es tarde para experimentar algo nuevo”, pensé. Al final el hombre sacó su miembro de mi boca y yo giré mi cabeza hacia Liz, sonriendo satisfecho por mi hazaña.
    
    —¿Te gustó putito? —preguntó mi novia, sujetando mi rostro con ambas manos, antes de darme un tierno beso en la boca.
    
    —Me encantó —respondí sinceramente, sin poder quitar la sonrisa de placer y lujuria que se había apoderado de mi rostro.
    
    —La próxima vez, saboréalo un poco más antes de tragarlo mi amor —aconsejó mi novia con ternura, perdonando mi novatez como su alumno primerizo.
    
    Liz comenzó a limpiar con tiernos besos, los rastros del semen que habían quedado en mi rostro, y succionando vorazmente la espuma que escurría de mis labios. Mientras yo perdía la mirada en aquel inmundo cuarto sanitario; incrédulo todavía por lo que acababa de suceder.
    
    No tuve el valor para buscar la cámara, que se suponía debía estar filmándonos. Quizás fue mejor así, porque hay cosas que es mejor dejarlas bajo el velo del misterio. Más aún, sabiendo que para mí había un misterio más importante por descubrir: ¿Cuánto ...
    ... tiempo pasaría antes de volver a probar junto con mi novia, del delicioso sabor del miembro de otro hombre? ¡Porque de que teníamos que repetirlo era un hecho seguro!
    
    Nos dimos un tiempo antes de salir de la cabina, tiempo que aprovechamos para limpiar nuestros rostros de los residuos de semen, dando oportunidad también para que el cuarto de servicio se desocupara, manteniendo así el ‘anonimato’ de nuestro invitado. Al salir de la cabina terminamos de asearnos y salimos bromeando por nuestra hazaña.
    
    —¡Una fantasía más realizada! —dije riendo divertido.
    
    —Y las que nos faltan —corrigió mi novia, subiendo la apuesta de aquel viaje.
    
    Al salir al patio de la entrada y pasar por la tienda de recuerdos, el encargado, un hombre bastante mayor, nos detuvo para ofrecernos un recuerdo de nuestra visita.
    
    —¿Quieren una copia de la función? —preguntó en su idioma, extendiendo la mano para ofrecernos un disco compacto.
    
    No había necesidad de un traductor, Liz y yo entendimos perfectamente la clase de souvenirs que nos ofrecía como recuerdo. Se trataba de un disco compacto el cual venía rotulado con el nombre del teatro y la fecha y hora de aquel día. Era obvio lo que el disco contenía, ¡la grabación de nuestra visita al teatro de esa misma noche!
    
    No lo podíamos creer, ahora teníamos la oportunidad de recrear cuantas veces quisiéramos el morbo y la lujuria de nuestra primera noche en aquella excitante ciudad en la comodidad de nuestro hogar. ¡No importaba cuánto costara ese ...