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Pesca deportiva
Fecha: 23/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... gringo él primero recogía todo el sedal girando el tambor del carrete, luego quitaba el seguro para que el sedal pudiera salir libremente antes de levantar el brazo atrás de su cabeza con el propósito de tomar impulso. Con un movimiento de látigo de su brazo, blandía la caña de atrás hacia delante saliendo disparado el anzuelo junto con el señuelo y el flotador. Según la fuerza que le imprimía al movimiento de su brazo, era la cantidad extra de sedal que se liberaba del carrete alcanzando entre 8 y 10 metros hasta que el anzuelo se hundía en el mar; marcando el flotador el punto donde se había hundido. Lentamente, el gringo comenzaba a recoger el sedal, girando el tambor del carrete una vez más. Con cada vuelta, el flotador avanzaba sobre la superficie del agua y el anzuelo bajo ésta, llamando la atención de los peces que se encontraran en su camino. Una vez que un pez se hubiese enganchado en el anzuelo, éste tiraría del sedal hacia atrás desesperado luchando por su vida; indicando al pescador que había atrapado algo. Sonaba algo cruel, pero ni Leslie, ni yo realizamos ningún comentario; por el contrario, escuchamos al gringo atentamente fingiendo interés. El viejo hombre tranquilizaba su conciencia explicándonos, que los peces que él capturaba y liberaba tenían mayor oportunidad de tener una vida más larga; ya que como él argumentaba contrario a los humanos “los animales no suelen cometer el mismo error dos veces”, algo en lo que era imposible contradecirlo. Después ...
... de varios intentos fallidos, finalmente un pez se enganchó en el anzuelo, desatando el entusiasmo del gringo. —¡I got one, I got the big one! —exclamó el gringo alegre por no haber quedado en ridículo ante nosotros; después de su tediosa explicación de técnicas de pesca. —¡Mira amor, atrapó uno! —dijo mi novia contagiada por el entusiasmo de nuestro amigo, mientras yo seguía esforzándome por terminar de beber la amarga y tibia cerveza. Sin ninguna prisa, el gringo comenzó a recoger el sedal, explicando minuciosamente cada giro del carrete que efectuaba; poniéndole algo de suspenso a la situación. “Esto no podía ser más aburrido”, pensé en mi interior, desesperado por saber que tan grande era el pez que se había enganchado. El gringo recogía el sedal lentamente, avanzando primero con tres giros al tambor del carrete, sólo para después realizar un giro en sentido opuesto; para como él explicaba, cansar a la presa antes de sacarla del mar y así evitar tener que luchar con ella fuera del agua. ¡Cualquiera pensaría que había atrapado un tiburón blanco! Mi novia escuchaba con atención la explicación de el hombre; mientras observaba embelesada, la supuesta lucha entre el hombre y la bestia; nunca hubiese podido imaginar que ella pudiera tener algún interés en aquella cruel afición. Todo esto me hizo suponer, que quizás aquel viejo lobo de mar sabía más de pesca de lo que yo creía. Unos minutos después de tener al pez luchando por su vida, el flotador quedó justo ...