-
La Isla Evanescente 25
Fecha: 27/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... dejar las otras galeras indefensas frente a los elementos para poder salvar la suya. Tras horas de denodada lucha contra los elementos, las galeras de escolta zozobraron y desaparecieron en la superficie del mar, llevándose a todos sus tripulantes con ellas. Aun así, no pensaba rendirse y mantuvo a los galeotes remando en dirección norte, luchando contra las corrientes hasta que la tormenta cesó. El amanecer los sorprendió al borde del desfallecimiento. Los remeros estaban exhaustos, a pesar de que había ordenado relevarlos cada dos horas. Y ella misma se había agotado estimulando a aquellos hombres y aliviando su fatiga a la vez que protegía al navío de lo peor de la tormenta. Afortunadamente, cuando creía que no podía más, la tormenta amainó con los primeros rayos del sol. Jadeando, ordenó izar la vela y repartir leche de cabra y nueces kota entre los galeotes, mientras les daba un par de horas de descanso. En cuanto se aseguró de que todo estaba en calma, con las últimas fuerzas que le quedaban se dirigió a su camarote y antes de contactar con la cama ya estaba dormida. Fue un sueño pesado y oscuro, sin sueños y cuando despertó apenas se sintió mejor. Le dolían todos los músculos sel cuerpo y sentía la cabeza como si estuviese dentro de una nube algodonosa. Sabía que había recuperado algo las fuerzas, pero se daba cuenta de que la noche anterior había sometido sus poderes hasta el límite de sus fuerzas. Se incorporó tan rápido que sintió un leve mareo al ponerse en ...
... pie. Bello, que había pasado toda la mañana velándola, se incorporó y la sujetó por la cintura, impidiendo que cayera. Durante un instante, mientras observaba aquellos ojos profundos, pensó en dejarse llevar a la cama, olvidarlo todo y follar durante horas, pero algo la hizo incorporarse y apartar al esclavo. La necesidad de acabar con sus enemigos e imponer la paz en el Mar del Cetro, su paz. La reina subió a cubierta. El sol estaba ya alto en el cielo. Una suave brisa hinchaba las velas y los remeros habían vuelto al trabajo aunque lo hacían a un ritmo suave. Una esclava se acercó con un tazón de gachas y una copa de una mezcla de vino, azúcar y un huevo crudo. Zananda se comió todo mientras observaba el horizonte a su proa. Allí estaba el rastro, inconfundible. Estaban de nuevo tras la pista. Llamó al capitán y corrigió ligeramente el curso para seguir el rastro. Continuaron así tres horas y entonces desapareció súbitamente. Tardó un par de minutos en reaccionar antes de hacer girar la galera ciento ochenta grados. Cuando volvió sobres sus pasos y se concentró, vio claramente dos rastros, uno más débil, por el que había llegado y otro solo un poco más intenso que se desviaba ligeramente justo en dirección contraria. ¿Qué había ocurrido? ¿Se habían pasado y habían dado la vuelta? ¿El misterioso barco se había visto obligado a girar para mantener la ruta por alguna misteriosa razón? Durante las siguientes doce horas siguieron el rastro que parecía retroceder, pero ...