ALINA, la divina secretaria
Fecha: 07/03/2025,
Categorías:
Hetero
Autor: andy, Fuente: RelatosEróticos
ALINA, LA DIVINA SECRETARIA
En una oportunidad, estuve trabajando en una empresa en los alrededores de la ciudad. Me tomaba 45 minutos llegar a la oficina y otros tantos para regresar a casa. Sucedió que mi secretaria fijó fecha para su matrimonio y, en consecuencia, se tuvo que poner un aviso para su reemplazo. Llegó el día de la evaluación de las interesadas y resultó que solamente se presentaron tres candidatas.
Dos de ellas eran mujeres mayores y la otra era una joven de 20 años.
Esa fue la elegida, por cuanto las mayores encontraron mucha dificultad para movilizarse y el lugar muy lejos para estar atentas de sus hijos. En cambio, la elegida era soltera y no tuvo ningún inconveniente por la localización de la oficina.
Alina, que así se llamaba, era muy diestra en taquigrafía y mecanografía, además que tenía conocimiento del inglés y del “shorthand”, por su ascendencia irlandesa. Era una chica delgada, alta, de pelo lacio castaño claro. Curvas poco pronunciadas, pero con una sonrisa fresca y jovial. El día lunes llegó a integrase a la oficina y luego de las presentaciones del caso, recibió su escritorio y equipo relacionado, en una pequeña oficina vecina a la mía. Luego, iniciamos el trabajo convencional.
Luego de unas semanas, siempre con la sonrisa agradable en sus labios poco carnosos, ya había trabado amistad con algunas de sus colegas. En el trabajo, era muy eficiente y personalmente, se presentaba siempre impecable y discreta en el vestir. En una ...
... oportunidad olvidó o no tuvo tiempo de traer su refrigerio, por lo que me dio la oportunidad de invitarla a almorzar en un restaurantito al que asistían los que teníamos carro.
El mío era un Volkswagen de modelo standard. Fueron varias las veces, desde aquel día, que hicimos el viaje de ida y vuelta en mi escarabajo. Con la frecuencia del trato, poco a poco fue llamando mi atención y mis deseos, que a mis 30 años eran bastantes.
Un día, al retornar del almuerzo ambos, no pude resistir el hacerme el gracioso y le agarré la rodilla, disculpa le dije: me confundí con la palanca de cambios.
No se preocupe ingeniero, siga nomás.
No me digas eso Alina, le respondí, porque si no te la vuelvo a agarrar. No hay problema, porque solo es la rodilla.
Nos reímos y aproveché para decirle, que entre nosotros podíamos tutearnos.
Al llegar, nuevamente puse mi mano en su rodilla, diciéndole: Que lindas las tienes. Ella se sonrió, bajando del carro, mientras yo cándidamente me ruboricé. En una próxima vez, cuando retornábamos del almuerzo, al momento de parquear Alina me soltó: ¿Qué pasó Andrés, preferiste la palanca de cambios a mi rodilla?
No me quedó otra cosa que sonreírme cándidamente.
Las idas conjuntas a almorzar se hicieron más frecuentes y yo obediente, luego de poner cuarta velocidad, inmediatamente ponía mi mano sobre la rodilla izquierda de Alina. Así avanzábamos y, de igual forma, mi mano iba subiendo pulgada a pulgada en su blanco muslo. Poco a poco, mi mano ...