1. Educando a las caseras (II)


    Fecha: 17/03/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Relatos, Fuente: TodoRelatos

    ... la gemela de Marta, Noelia. Clavadita a su hermana, y si ya sabía como era una desnuda, pues la otra era igual. No pudo evitar echar un vistazo a su cuerpo entero, desnudándola con la mirada mientras ella hablaba y se quejaba.
    
    -- ¿Me entiendes?
    
    -- ¿Eh? Sí, sí.
    
    -- Sí, qué. – Dijo ella.
    
    -- Que baje la tele o a la siguiente habrá probleeemas… -- Dijo Rubén desinteresadamente, no había escuchado nada de lo que le dijo Noelia, pero estaba seguro que era ese el tema por el que venía a la puerta.
    
    -- No te lo aviso más veces, ya me he cansado. A mi hermana la tienes frita, menos mal que he venido yo y no ella, porque a este paso llama a la policía.
    
    Rubén no pudo evitar la risa,“si tú supieras de tu hermana” pensó. Cerró la puerta poco a poco y apagó la tele para no tener más problemas. Antes lo que habría hecho, habría sido sentarse en el sofá a quejarse de tener unas caseras muy gilipollas, pero ahora tenía con quien pagar el cabreo.
    
    Agarró el móvil y escribió un mensaje a Marta.
    
    -- Hoy, antes de que llegues a tu casa, vienes a la mía.
    
    -- ¿Por? Si ya he ido antes…-- Contestó Marta casi al segundo.
    
    -- Porque sí. Porque lo digo yo.
    
    -- Vale. ­­– Ahí estaba de nuevo esa actitud.
    
    Dejó el móvil y se fue al ordenador, a ver la galería de vídeos e imágenes que tenía sobre Marta, de todas las posturas, con disfraces, sin ropa… De todo.
    
    No aguantó mucho y se masturbó en la silla, pasando entre imagen e imagen, al cabo de unos segundos le dolía la muñeca ...
    ... de la rapidez a la que se masturbaba. En un momento paró y se fue corriendo a la habitación, abrió el armario y sacó las primeras bragas que se quedó de Marta, con las que empezó todo. Las agarró y se corrió en ellas, dejándolas empapadas en semen.
    
    Rubén suspiró aliviado y se vistió. Iba a comprar unas cosas para llevar a cabo una idea que se le había ocurrido. Y Marta le ayudaría.
    
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    -- Ya estoy aquí, ábreme. –Escribió Marta a Rubén.
    
    -- Desnúdate primero.
    
    -- ¿Cómo? Ni muerta. Me desnudo dentro.
    
    -- Hasta que no te desnudes no entras.
    
    -- Pero esto no era así Rubén. Me puede ver mi hermana.
    
    -- Es como yo lo diga. Si no haces ruido no te verá.
    
    Rubén estaba detrás de la puerta, viendo por la mirilla a Marta. Ella miró a los lados y como si fuese a contrarreloj, se quitó toda la ropa, sosteniéndola en una mano. Para divertirse, no abrió la puerta pasados unos segundos. Cuanto más tiempo pasaba, más nerviosa se ponía por el miedo a que alguien la viese.
    
    -- Así me gusta, que me obedezcas. – Dijo Rubén abriendo la puerta.
    
    -- Eres imbécil. – En cuanto puso un pie en el descansillo, se arrodilló al suelo y entró gateando.
    
    Dijese lo que dijese, Marta ya había hecho esto antes, tenía las órdenes automatizadas. Se dirigió al salón con la ropa en la mano aún, en cuanto llegó a su esquina, se colocó en posición de espera: de rodillas, con estas separadas un poco para dejar ver su coño; las manos apoyadas sobre los muslos con las palmas hacia arriba; ...
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