1. Sin bragas en la aldea (2): Follada en el sofá


    Fecha: 23/03/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Punkycaliente, Fuente: CuentoRelatos

    Saludos, me llamo Daniela y para no tener que poner de nuevo la parrafada en mi primera historia me describí físicamente, así podéis imaginar a la pequeña punk morbosa que os escribe. En este relato voy a contar como siguieron mis travesuras en el pequeño pueblo de Torre Val de San Pedro en él que me hospedé 10 días que se convirtieron en toda una experiencia.
    
    Retornamos al momento que Víctor (un hombre bastante mayor, pero muy apañado y morboso) me trajo desde el camino al pueblo, tras yo haciendo la ruta a pie, terminé haciéndome daño en el pie y llegamos a tener un pequeño juego intimo que me puso verdaderamente cachonda.
    
    Tras quitarme de encima del capo de la furgoneta con el culo al aire y mis leggins por los tobillos. Me subí los leggins, ya que como comenté en el anterior relato no llevaba bragas, y por eso tardó poco en que la zona de mi sexo quedará mojada. Y con un poco de ayuda de Víctor pude sentarme en el asiento del conductor… Es entonces cuando el tobillo, ya enfriado empezó a dolerme de verdad. Por lo que mi cara en cierto momento reflejo el dolor, cuando lo apoye en el suelo de la furgoneta.
    
    Algo preocupado Víctor me dijo: –A ver si es que te has hecho daño de verdad… Anda, cuando llegues a casas, te ponte hielo y a las malas hay una farmacia para que te de alguna crema o algo. Si todavía no baja, pues ya te llevo yo a Segovia…
    
    Quitándole hierro al asunto me reí: –Que caballeroso… No creo que llegué a esos extremos. Aunque creo, que lo que tú ...
    ... quieres es meterme mano mientras voy contigo al hospital.
    
    A lo que Víctor divertido me dedico una mirada muy ardiente: –Entre otras cosas, zorrita. –Echando una mirada a la zona mojada por mi excitación, volvió a mirarme, para luego a arrancar la furgoneta e ir hacia adelante.– Mira que te has corrido con gusto y todavía con ganas de más.
    
    Yo coqueta le saque la lengua y le sonreí. Lo que complació bastante a Víctor, por la forma que miraba de vez en cuando a pesar de estar conduciendo. El trayecto fue “tranquilo” aunque hubo un momento que me metió mano por encima de la ropa y tuve que decirle: –Oye, deja algo para por la noche –A lo que prometió– Me parece que mañana no vas a levantarte hasta bien tarde…
    
    Qué situación… estaba jodidamente cachonda y me divertía explorar hasta donde podía llegar en mi perversión. La casa que había alquilado estaba entre la salida del pueblo y los chalets… No me había dado cuenta hasta ese momento que le estaba indicando donde me hospedaba. Buf, algunas ideas perversas se me metieron en la cabeza, sobre su hijo y él introduciéndose por la noche en mi casa sin ser invitados. Mis pobres Leggins estaban chorreando y no de sudor precisamente.
    
    Al llegar a la casa, Víctor me dijo que esperase y me ayudo a bajar, yendo un poco a la pata coja apoyada en él conseguí llegar a la puerta, que abrí y pudimos entrar. Lo mejor sin duda era sentir el calor de la calefacción de la casa. Todo hay que decir que apenas llevaba nada cuando estaba a solas en ...
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