La consulta del cardiólogo terminó con la psicóloga
Fecha: 23/08/2025,
Categorías:
Hetero
Infidelidad
Intercambios
Autor: Felix69, Fuente: SexoSinTabues30
Siempre me ha gustado el sexo y éste había sido excelente con mi marido, pero más o menos a los treinta años me volví adicta a los relatos eróticos y pornográficos. Me encontré algunos que me parecieron muy creíbles, y algunos de infidelidades me calentaron por la manera en que ocurrían y por la justificación que daban. Pero me fui haciendo a la idea de que “echar una canita al aire” no estaría mal, aunque no había otra justificación más que la calentura.
Leí relatos de varios autores, incluso seguí a algunos durante años. Particularmente a quienes sus relatos mostraban una consistencia a manera de saga o de su “día a día”. Me parecieron reales y pude contactarme con algunos de ellos (no sólo a través de los comentarios, sino también con mensajes privados en la primera versión de SST, y por correo electrónico posteriormente) y mi sorpresa fue que ¡eran relatos reales!, sí de personas de carne y hueso que habían escrito sus experiencias.
Me puse a soñar con lo que yo podría hacer en una situación así, y escribí mis primeros relatos fantasiosos. Los comentarios de mis amigos autores, me animaron a llevar mis fantasías a la realidad, ¡y lo hice! El caso es que, desde entonces, he tenido orgasmos muy intensos y, en algunos casos he sufrido pequeños desmayos. Aproveché mi visita regular con el cardiólogo, y le comenté sobre los desmayos.
–De unos meses para acá, he tenido algunos desmayos breves –le dije cuando me auscultaba.
–¿Cuántas veces? –preguntó después de ...
... volver a leer los análisis clínicos que suelo hacerme previos a la visita médica.
–Como seis o siete en cuatro meses –precisé y él abrió los ojos sorprendido. Me dio la bata y me pidió que me desnudara.
–Puede quedarse con su pantaleta y se acuesta allí –dijo señalándome la pequeña cama reclinable y se retiró.
A su regreso, me puso unos electrodos en el pecho, cerciorándose que las conexiones estuviesen bien colocadas, pero no sólo presionándolas sino que al quitar la mano de ellos la resbaló por mi teta y se me alborotó la hormona (también la de él, pues se tuvo que acomodar para que no se notara su erección). “Relájese”, me ordenó al ver los picos iniciales en el electro cardiograma que delataban mi estado. Al terminar esa parte, con sumo cuidado y lentitud me quitó los electrodos.
Pasó a hacerme un ultrasonido, untándome vigorosamente un gel para que el aparato resbalara bien. No fue muy “profesional”, más bien parecía la nano de alguno de mis amores cuando me soban las tetas. Se mantuvo atento a la pantalla mientras pasaba el sensor, pero me estaba calentando rico…
Después me examinó los ojos con su lámpara y me mantuvo acostada mientras me decía qué pruebas adicionales me haría. Yo seguía acostada, con mis tetas desparramadas hacia los costados gel tórax. “Recógemela y bésalas” gritaba en mi interior al ver la macanota que él ya no ocultaba.
Me tomo de la mano para ayudarme a levantar y me llevó a una andadera, me volvió a colocar electrodos y me hizo correr ...