Emputecida por los amigos de mi hijo (1)
Fecha: 28/08/2025,
Categorías:
Incesto
Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 1
Siempre fui una mujer de un solo hombre. Para mí era lo natural. Si una elegía casarse era para siempre. Y, en todo caso, para eso se inventaron los divorcios. La infidelidad no solo me parecía un acto inmoral, sino también algo sumamente estúpido. Si uno engaña a su pareja es una afrenta no solo hacia la persona con la que compartís la vida, sino contra una misma.
Había tenido una adolescencia sana y plena. Llena de amigas y experiencias enriquecedoras. Supongo que por eso pude llevar bien mi matrimonio. Había vivido mi juventud intensamente. Entre mis dieciséis y mis veinticuatro años había tenido tres novios, y una veintena de parejas sexuales. De algunos ni recuerdo el nombre. Había tenido una etapa promiscua, y hasta dos de mis novios fueron traicionados por mi yo del pasado, un yo inmaduro y lujurioso. Pero, como digo, haber vivido tan aceleradamente en aquellos tiempos contribuyó a que estuviese preparada para una relación madura. Tengo amigas que se han casado con sus primeros novios, o que han tenido una adolescencia reprimida, y, créanme, esas son de las que hay que tener mayor cuidado. En general.
Conocí a Miguel de casualidad. Tenía que asegurar el auto, el primero que me había comprado, y él, un asesor de seguros que me llevaba cinco años, me atendió. Era un hombre atractivo, pero también algo aburrido. Y confieso que fue esto último lo que me agradó más. Algo en mí me decía que necesitaba dar un vuelco a mi vida. Salirme de los estereotipos ...
... de hombres en los que siempre caía: rockeros drogadictos, machos alfa egocéntricos, y carilindos traicioneros. El contraste de Miguel con todos esos hombres que había conocido era lo que más me atraía a él. Sospeché que no se animaría a invitarme a salir, así que lo hice yo misma. Un año después estábamos casados y en la panza llevaba el fruto de nuestro amor: Bauti.
Sí, claro que lo amaba. No era ese amor absurdo que te hace perder la cabeza. Es el amor objetivo que te hace saber que estás con la persona correcta. En los quince años que pasaron tuvimos una excelente relación. Nos llevábamos tan bien que nadie podía creer que prácticamente no habíamos tenido discusiones fuertes en todo ese tiempo.
—Ay nena, si se llevan tan bien como decís, la verdad que me da miedo —me dijo una vez mamá—. Preferiría que me dijeras que se pelean por tal o cual cosa. Eso es lo normal en una pareja. Tener desavenencias y arreglarlas. Pelearse y reconciliarse. Lo de ustedes…
—Lo de ustedes ¿qué? —le había dicho yo aquella vez, algo exasperada.
Era obvio lo que pretendía decir: lo de ustedes no es normal. Esto me lo había dicho cuando yo tenía treinta años, y cinco de matrimonio. Fue la primera y la última vez que me lo dijo de manera tan directa, pero no perdía la oportunidad de manifestar, ya de manera más sutil, lo que le generaba mi aburrida y apacible relación con Miguel.
—¿De verdad no es celoso? —me preguntó en una ocasión Emilia, una amiga que había conocido en un curso de ...