1. Emputecida por los amigos de mi hijo (1)


    Fecha: 28/08/2025, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... pastelería.
    
    —No, pero la verdad es que tampoco le doy motivos para serlo —respondí yo, con total sinceridad.
    
    Ella soltó una carcajada, como si lo que le acababa de decir fuera un gran chiste.
    
    —¿Me estás jodiendo? Con ese culazo que tenés es suficiente para que se ponga celoso —comentó, dándome una nalgada—. Sos una bomba. ¡Todos los tipos te quieren coger! Hasta al boludo de Manuel se le van los ojos a esa cosa que tenés ahí atrás. La otra vez se lo eché en cara. Pensé que me lo iba a negar, pero ¿sabés qué dijo el imbécil? “Es imposible no mirarle el culo a Mariana”. ¿Podés creer al imbécil?
    
    —Pero yo no hago nada para que me miren. Mucho menos los novios de mis amigas —había dicho yo, con cierta culpa. No era la primera vez que la calentura de un hombre ponía en riesgo una linda relación. Pero por suerte Emilia no era tan insegura como otras mujeres.
    
    —Obvio que no, querida. Vos solo naciste con ese totó, y con esa cinturita, y con esa carita hermosa. Por más que no te vistas como puta, llamás la atención de todo el mundo. Dicho sea de paso, si tuviera tu cuerpo, me vestiría de manera más atrevida. Pero, en fin, no te preocupes por el boludo de mi novio. Después de la pelea nos reconciliamos con un increíble polvo.
    
    —Mi mamá estaría orgullosa de vos —le dije.
    
    Esto había pasado a mis treinta y cinco años. No todas las mujeres que pasaron por mi vida resultaron tan liberales como la pobre Emilia. Muchas me odiaban sin motivo aparente, pero yo sabía muy ...
    ... bien de dónde venía ese odio. Era un temor natural que tienen algunas mujeres hacia quienes creen que pueden quitarles sus parejas. Algunas incluso obligaban a sus maridos a no dirigirme la palabra. Yo lo notaba porque algunos vecinos que antes me saludaban amablemente, ahora me esquivaban cuando me veían por la calle o en el mercado.
    
    Tampoco es que tuviera una vida social muy activa. Durante unos años trabajé en una tienda de ropas, pero renuncié cuando se me estaba haciendo difícil evadir las propuestas del baboso del gerente. Cuando se lo conté a Miguel, ni se inmutó.
    
    —Mejor, no hace falta que trabajes. Prefiero que cuides a Bauti —me había dicho, sin mencionar siquiera al jefe acosador.
    
    Yo trabajaba a medio tiempo y mamá me ayudaba a cuidar a su nieto, pero también quería pasar más tiempo con él. En los siguientes diez años fui una ama de casa en toda regla, y no me molestaba serlo. Un hijo puede llevar más trabajo de lo que una se pueda imaginar, y no era muy ambiciosa en cuanto a cómo pasar mi tiempo libre. Alguna novela o alguna serie descargada de internet eran suficiente entretenimiento, y el día pasaba volando. También tenía la pastelería. Si bien no me dedicaba a ello, pude experimentar mucho con eso, y mis tortas y postres eran la sensación en cualquier reunión familiar. Íbamos de vacaciones una o dos veces por año, y cada vez que podíamos salir un fin de semana, lo hacíamos. También éramos amigos de otras parejas con hijos, y a veces alquilábamos una casa ...
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