Emputecida por los amigos de mi hijo (1)
Fecha: 28/08/2025,
Categorías:
Incesto
Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... quinta y pasábamos unos días de pileta ahí. Y teníamos casa propia, lo que era mucho decir para una pareja joven de clase media de Buenos Aires.
Es decir, llevaba una vida simple pero con absolutamente todo lo que necesitaba. Realmente no quería nada más.
Entonces, ¿por qué estoy escribiendo estas líneas? Evidentemente algo pasó, de lo contrario, sería el relato erótico más aburrido de todos los tiempos. Algo puso patas arriba toda esa vida idílica que creía que tenía. No creo que haya sido una sola cosa, sino un conjunto de sucesos. Uno de ellos era que acababa de cumplir cuarenta años.
La crisis me había agarrado de manera imprevista, pues nunca había pensado mucho en ello. Era solo un número redondo. ¿Qué diferencia había entre cumplir treinta y nueve, cuarenta, o cuarenta y uno? Y sin embargo ahí estaba, cada vez más deprimida. Mirándome a cada rato en el espejo. Contándome las arruguitas que se me hacían alrededor del ojo y que se me marcaban cuando reía. Viendo si mi trasero seguía estando firme. Lucía mucho mejor que la mayoría de las mujeres de mi edad, pero eso no quitaba que el paso del tiempo me afectara como a cualquier otra.
Con Miguel cogíamos una vez por semana, a lo sumo. Para mí era más que suficiente, pero en esa época de crisis empecé a exigirle más polvos. Pudo darme más, pero no tantos como creía necesitar. Tres veces a la semana a lo sumo. Sabía que no era que había dejado de gustarle, pues su actitud hacia mí había permanecido inmutable ...
... durante todo ese tiempo. De hecho él nunca había sido muy expresivo al respecto. Cuando les contaba a mis amigas que no tenía la costumbre de pellizcarme el culo todo el tiempo, se asombraban. Pero más allá de eso sabía que me deseaba, y que ahora, a mis cuarenta años (y a sus cuarenta y cinco), no era que su deseo hubiera disminuido, más bien siempre había sido un deseo muy calmo, una lujuria apocada. Algo que en su tiempo pensaba que era lo que necesitaba, y ahora lo detestaba.
Nunca fui de darle mucha importancia a las miradas y a los intentos de seducción de los hombres. Pero ahora, incluso mientras iba a comprar, empezaba a preguntarme si seguía pareciendo atractiva para el sexo opuesto. En esta etapa me percaté de que, en efecto, seguían dándose vuelta a mirarme. Y es que mi trasero seguía en su lugar. Obviamente no con la firmeza de hacía cinco o diez años, pero sí con una forma envidiable. Quizás se había puesto más gordo en el último tiempo, pero eso parecía gustarles aún más a los hombres. Mi rostro era mi orgullo. No despertaba tanta admiración como mi cuerpo, pero a mí me gustaba verme en el espejo y reconocerme bella.
Luego sucedió algo más concreto. Un hecho que en otro momento hubiera manejado de manera más inteligente, pero que, dada la etapa de mi vida en la que sucedió, actué de manera insensata. Bauti había llevado a unos amigos a casa. No soy una madre que está siempre encima de su hijo, pero sí me gusta estar al tanto de todo por lo que está pasando. ...