Emputecida por los amigos de mi hijo (1)
Fecha: 28/08/2025,
Categorías:
Incesto
Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... caricias en mis piernas siempre fueron mi punto débil, y de todas formas el que me estaba manoseando el culo tampoco lo estaba haciendo mal. Hacía década y media que ningún hombre que no fuera mi marido accedía a esa parte de mi cuerpo. Y ahora me descubría disfrutando de esas caricias ilícitas hechas por unos niños.
Pero no podía permitirme gozar de esa situación tan aberrante. En definitiva eran dos chicos que habían irrumpido en la intimidad de mi dormitorio para abusar de mí. Debía tener eso en cuenta. Decidí que era hora de hacer como que me despertaba, para que por fin se dieran cuenta de que sus caricias no eran tan sutiles como pretendían que fueran. De hecho, a medida que pasaba el tiempo y que yo no reaccionaba, se mostraban más osados.
Pero entonces sucedió algo que me dejó estupefacta, por lo que nuevamente no atiné a moverme. Sentí otra cosa en mi glúteo. Algo más grande y rígido que un dedo. Alguien, Luca o Noah, me hincó la nalga con eso. Por el tacto, no necesité pensar mucho para adivinar de qué se trataba.
Era una verga. Una pija dura e hinchada que ahora se frotaba en mi nalga. El otro chico pareció decirle algo al que me estaba ultrajando. Algo así como “no exageres que se puede despertar”. Pero el miembro viril seguía frotándose en mi trasero. Supongo que fue muy ingenuo sorprenderme, pues no debía esperar otra cosa de unos depravados como ellos. Pero no dejaba de llamarme la atención hasta dónde llegaba el grado de perversión de esos niños. ...
... Uno de ellos se estaba masturbando con mi trasero, y mi marido estaba al otro lado de la cama. ¡Cómo podían ser tan osados!
Y entonces ocurrió el colmo de los colmos. Con la misma verga, el chico en cuestión empezó a correrme la telita de la tanga que cubría escasamente mi trasero. Después de varios intentos lo logró. Entonces empezó a frotar el glande a todo lo largo del medio de mis nalgas.
Me di cuenta de que, muy a mi pesar, mi sexo estaba segregando abundante fluido vaginal. Dicho de otra manera, estaba terriblemente caliente. Tan caliente como esos pendejos.
Pero no podía permitir que eso continuara. Además, la impertinencia de esos chicos podía envalentonarlos hasta el punto de eyacular encima de mí. Hasta ya me estaba imaginado mi piel bañada con ese líquido tan espeso y pegajoso. Así que me removí en la cama, e hice algunos gemidos como para que se dieran cuenta de que, supuestamente, me estaba despertando.
Inmediatamente después de que hice esto, retiraron el miembro viril de mi cuerpo. Al fin me había liberado de ellos.
Me sentí culpable. Los había dejado llegar muy lejos. Pero por suerte no tenían idea de que lo había hecho. En su imaginación esos chicos simplemente habían abusado de mí, lo que de hecho sucedió. Que yo estuviera consciente no quitaba que ellos pensaban que no lo estaba.
Me quité la máscara de ojos. Encendí la luz. Miré a Miguel. Seguía profundamente dormido. Su respiración sí se oía a pesar del ventilador encendido. No se había ...