1. Emputecida por los amigos de mi hijo (1)


    Fecha: 28/08/2025, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... tanguita y una remerita cómoda con el ombligo desnudo. Sin corpiño, obviamente. Con el trasero al aire apuntando hacia la puerta.
    
    Fue en ese momento cuando justamente sentí que la puerta se abría. Apenas hizo ruido, pero pude percibirlo.
    
    Me quedé petrificada, sin poder atinar a hacer nada. ¿No era que iban a ir a la madrugada? Apenas eran las doce y media de la noche. Yo me había hecho la idea de que aparecerían a eso de las tres o las cuatro. Sentí sus pasos, casi imperceptibles, avanzando hacia mi cama. Estaba todo oscuro, y yo no veía nada. Pero estaba segura de que Miguel seguía profundamente dormido. Me daba cuenta de eso por su respiración, que era muy fuerte, casi un ronquido. Y dudaba de que fuera a despertarse. Lo conocía bien. A lo sumo se levantaba a mear a la madrugada. Y de todas formas, cuando iba al baño estaba más dormido que despierto.
    
    Imaginé que los chicos habían encendido las linternas de los celulares para observarme. Me pregunté si se encontraban los dos, o si se turnarían para entrar. Por lo visto Bautista los había instruido bien, porque no emitían el menor sonido. Y gracias al ruido del ventilador ni siquiera escuchaba sus respiraciones. Pero sabía que estaban ahí, ¿cierto?, me pregunté. Los había oído entrar. No obstante, empecé a pensar que quizás mi imaginación me había jugado una mala pasada. Tal vez jamás habían entrado. Era un buen momento para cubrir mi cuerpo y pensar en cómo evitar que esos mocosos hicieran una idiotez.
    
    Pero ...
    ... entonces sucedió algo que me desengañó. Sentí unos dedos posándose en mi trasero. Fue una caricia suave y corta. Habían pasado la mano por mi culo y la habían retirado enseguida. Mi cuerpo se estremeció involuntariamente. Escuché que murmuraban algo entre ellos. No comprendí lo que decían pero parecían alarmados por mi repentino movimiento. Quizás eso los había asustado y por fin se marcharían.
    
    No obstante, no oí que la puerta volviera a hacer ruido. ¿O sería que la habían dejado abierta justamente para hacer el menor ruido posible? Pero otra vez me había equivocado. Nuevamente sentí unos dedos deslizándose suavemente por mi trasero. Y esta vez había sido un movimiento más osado, pues me manosearon por más tiempo.
    
    Me pregunté si el que me metía mano era Noah o Luca. Me decanté por el primero, pues parecía ser el más atrevido de los dos. Noah era un chico delgado y muy alto. Creo que medía casi dos metros. Llevaba el pelo corto, y usaba un arito en una de las orejas. Luca en cambio era un carilindo de pelo castaño claro, tan claro que casi parecía rubio. Ambos eran muy lindos, y muy arrogantes. Eran la clase de chicos por los que mi yo del pasado se volvía loca.
    
    Otra mano se posó en mi pierna. Se que era otra mano, porque la primera había vuelto a manosear mi trasero. De hecho ahora parecía enviciada con mi nalga, haciendo movimientos circulares sobre ella, animándose a pellizcarla suavemente de vez en cuando.
    
    Me di cuenta de que mi cuerpo empezaba a traicionarme. Las ...