1. Mentis : (Capítulo 9 Comunidad de fuego)


    Fecha: 28/09/2025, Categorías: Control Mental, Autor: Srxxx, Fuente: TodoRelatos

    El colchón crujió suave cuando los cuerpos empezaron a moverse. No hablaban. No se tocaban entre sí. Estaban desnudos, sí, pero inmóviles. Como si aún esperaran una señal más clara. Como si sus mentes, agitadas, buscaran una razón para no entregarse del todo.
    
    Y entonces Aurelio dijo, casi como un murmullo, pero con todo el peso de su voluntad:
    
    —Que comience.
    
    Lucía fue la primera en moverse.
    
    Se acercó por el lateral derecho de la cama, sus pasos suaves como si flotara. Se deslizó hasta Daniel, que al verla acercarse abrió apenas los ojos, como un niño que sabe que viene el castigo… o la recompensa.
    
    Lucía subió a la cama con movimientos lentos. Se colocó sobre él, sin tocarlo aún. Sus muslos sobre los suyos, su coño caliente apenas a centímetros de su abdomen. Su mirada, fija, inamovible, como si lo estuviera hipnotizando sin palabras.
    
    Deslizó la yema de un dedo por su pecho.
    
    Luego por su cuello.
    
    Luego por sus labios.
    
    Daniel tragó saliva.
    
    Y Lucía bajó, rozándole apenas con los pezones duros mientras su mano se colaba entre sus piernas, apretando suave, como si pesara su carne. No preguntó. Solo actuó.
    
    Sofía se acercó a Nicolás por detrás. No subió enseguida. Se quedó de rodillas en el suelo, junto al colchón. Apoyó la barbilla sobre el borde y lo miró. Una mirada dulce, servicial… pero cargada de hambre.
    
    Él bajó los ojos. No se atrevía a sostenerle la mirada.
    
    Sofía extendió una mano. Acarició su rodilla.
    
    —¿Tienes miedo? ...
    ... —susurró.
    
    No obtuvo respuesta. Solo un espasmo involuntario.
    
    Subió entonces, con movimientos felinos. Se acomodó junto a él y le lamió el cuello, lento, como una gata marcando territorio. Sus pechos pequeños se pegaban a su costado, su vientre rozaba su muslo, su mano ya lo tenía envuelto.
    
    Alejandra caminó sin vergüenza hasta Rebeca.
    
    La chica la miró con algo entre curiosidad y desafío. Pero su respiración la traicionaba.
    
    Alejandra subió a la cama con delicadeza, arrodillándose frente a ella. Tenía las mejillas levemente sonrosadas. Su torso desnudo era hermoso de una forma extraña, sin la voluptuosidad de las otras, pero lleno de intención. La jaula entre sus piernas brillaba. Un pequeño candado colgaba como un castigo precioso.
    
    —¿Nunca te han lamido una boca que no espera nada a cambio? —susurró Alejandra, pegando su rostro al cuello de Rebeca.
    
    No esperó respuesta.
    
    La besó.
    
    No en los labios.
    
    En el esternón.
    
    Luego bajó.
    
    Mientras Rebeca se quedaba rígida, sin saber si empujarla o abrirse más.
    
    Y Magdalena… fue directa a Javier.
    
    No caminaba. Desfilaba.
    
    Sus pechos grandes, redondos, con los pezones oscuros perforados por gruesos aros metálicos que colgaban con un leve tintineo. Cada paso hacía que los anillos se movieran, brillaran. Y debajo, entre las piernas, su coño rasurado mostraba los seis aros, tres a cada lado de los labios, tirando levemente de la piel con cada movimiento.
    
    Javier tragó saliva.
    
    Ella no habló.
    
    Solo se montó sobre ...
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