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Mentis : (Capítulo 9 Comunidad de fuego)
Fecha: 28/09/2025, Categorías: Control Mental, Autor: Srxxx, Fuente: TodoRelatos
... interna sólida. —¿Sólida? —Altamira la miró ahora directamente—. Estás rodeada de estudiantes. Graduados de hace un año como mucho. Ninguno con experiencia empresarial ni técnica. Sin embargo, la empresa funciona como un reloj suizo. Nadie comete errores. Ningún dato filtrado. Ningún movimiento inútil. ¿Eso lo consigues con talento virgen? Lucía sonrió. Apenas un segundo. Un movimiento mínimo de comisuras, controlado, exacto. —Se llama criterio. Y disciplina. —¿Y quién enseña esa disciplina? Ella se inclinó levemente hacia él. —Tal vez no todo se enseña. Tal vez algunas personas simplemente lo entienden mejor que otras. Altamira sostuvo su mirada. Y pensó: No está fingiendo. Cree en lo que dice. O peor aún… sabe que es verdad. Lucía volvió a erguirse. Su perfume era apenas perceptible. Floral, seco, elegante. —¿Sabe qué me sorprende, inspector? —Dímelo. —Que todos se centren en lo que hacemos y no en por qué lo hacemos mejor. Como si el hecho de que funcione ya fuera en sí mismo un problema. —No es un problema —respondió él, con voz baja—. Es una anomalía. Las anomalías me interesan. Lucía bajó la mirada un instante. Lenta. Casi como si lo invitara a mirar más de lo que debía. Pero volvió enseguida a sus ojos. —Entonces tal vez debería analizar los resultados. No las apariencias. Altamira cerró ...
... su cuaderno. Y la observó, en silencio. No era una chica brillante, ni una líder precoz. Era algo más peligroso. Tenía ese aire de mujer que sabe perfectamente lo que te hace sentir, y que usa esa sensación como arma. A voluntad. Con una sonrisa. O sin ella. —Dime, Lucía —dijo finalmente—. ¿Alguien más toma decisiones contigo? —¿Alguien más? —Alguien que no aparece en los registros. Que no tiene firma, ni puesto, ni dirección de correo… pero cuya sombra se siente en cada documento que reviso. Lucía tardó en contestar. Tal vez pensaba. Tal vez le daba igual. —¿Quiere saber si hay un hombre detrás de todo esto? —respondió finalmente, con una voz más suave—. ¿Alguien que me dirige, que me guía, que me dicta lo que debo hacer? Altamira no parpadeó. Lucía sonrió. Esta vez más marcada. Lenta. —Le decepcionará saber que no. No hay nadie más. Solo yo. Silencio. Un silencio largo. Y luego, el inspector se levantó. Sin más. —Bien, Lucía. Por hoy es suficiente. Ella se quedó sentada. —¿Volverá? —Sí. —Entonces la próxima vez… tráigase algo más interesante. Él no contestó. Salió del despacho con paso firme, el cuaderno bien sujeto bajo el brazo, y el pensamiento claro: Esa chica está mintiendo. Pero no porque tenga miedo. Sino porque lo ha hecho tantas veces que ya no sabe hacerlo de otra manera.