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Mentis : (Capítulo 9 Comunidad de fuego)
Fecha: 28/09/2025, Categorías: Control Mental, Autor: Srxxx, Fuente: TodoRelatos
... húmedos, tintineando. Pero no se detuvo ahí. Se levantó un poco, se abrió con una mano y dejó que los seis aros de sus labios vaginales —tres a cada lado— brillaran a la luz, separados, pesados, tirando de su carne como anclas preciosas. Javier los miró fascinado, casi hipnotizado. Magdalena bajó lentamente, los aros empapados rozando su base, su vello púbico mojándole el vientre. Se deslizó hasta el fondo. Gritó. No como una mujer. Como un demonio satisfecho. —¡Hazme sangrar si quieres! ¡Rómpeme, cabrón! Y Javier… obedeció. --- En la esquina, Claudia ya no era Claudia. Estaba de pie. Vestida. Pero sus piernas no respondían igual. Su respiración era más larga. Más lenta. Más… sexual. Cada jadeo que escuchaba en la cama, le entraba por la oreja y le bajaba al coño. La tela de las bragas le apretaba. La camisa… le rozaba los pezones como un castigo. No hablaba. No pestañeaba. Solo observaba. Y su boca, apenas entreabierta, dejaba escapar el aliento de quien se está corriendo… sin que nadie lo sepa. A su lado, Aurelio sonreía. No la tocaba. No la empujaba. Solo hablaba. Bajo. Lento. Con ese tono suyo que no pide permiso. —Ya lo entiendes, ¿verdad? Ella no respondió. —No es sumisión. Es poder. Es saber que puedes romper todas tus reglas… y no se va a acabar el mundo. Claudia tragó saliva. Los muslos apretados. Los dedos, temblorosos. —Estás al borde —susurró Aurelio—. Y ni ...
... siquiera has probado nada aún. Y Claudia, sin girarse, sin mirarlo… dejó escapar un gemido bajo. Casi un sollozo. Pero no de miedo. De hambre. Los cuerpos se reordenaron. No por instrucciones. No por órdenes. Solo por inercia. Por deseo puro. Lucía se apartó de Daniel, su coño empapado aún palpitando mientras se deslizaba fuera de él, como una sacerdotisa que ha terminado su ceremonia. Alejandra, que seguía arrodillada entre las sábanas, se arrastró hacia él sin una palabra. Se colocó sobre su pecho, y sin pedir permiso, comenzó a besarle el cuello, luego el pecho, y luego descendió, su lengua bajando por su vientre. Daniel no protestó. No podía. Su cuerpo temblaba. La jaula de Alejandra chorreaba, literalmente. El líquido preseminal se le escapaba entre los barrotes, caliente, interminable. Su rostro andrógino se veía hermoso desde esa perspectiva, brillando de sudor y entrega. Cuando Daniel la vio bajar más, con los labios entreabiertos y el pecho aún jadeante, pensó: "Estoy a punto de follarme a la hermana de la chica que me montó hace dos minutos." Y su polla volvió a endurecerse sin esfuerzo. Lucía se dirigió a Nicolás. Lo agarró del cuello, sin pedir, sin dudar, y se sentó sobre su rostro. Su coño resbaló entre sus labios como una fruta caliente y amarga. —Abre la boca —ordenó. Y Nicolás, obediente, lo hizo. Lucía gimió con fuerza cuando sintió su lengua. No era Aurelio. No era igual. Pero le servía. Para ...