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La pijamada de mi hija
Fecha: 30/10/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Perverx, Fuente: SexoSinTabues30
... y la casa, por fin, era mía. (Otro trago largo. El whisky quemaba agradablemente en la garganta.) La niña rubia se movió ligeramente entre sueños, dejando al descubierto un poco más de su rostro. Tenía pestañas largas y finas que descansaban sobre sus mejillas sonrosadas. Parecía tan frágil, tan vulnerable. Una punzada, algo parecido a una… ¿curiosidad? me recorrió el estómago. No era culpa, juro que no era culpa. Simplemente… una observación. Como cuando ves un insecto raro y te acercas para examinarlo de cerca. Me levanté con cuidado, la botella de whisky tintineando suavemente en mi mano. Me acerqué a la niña rubia y me arrodillé a su lado. Su respiración era suave y acompasada. Olía a champú de frutas y a esa dulzura infantil que tanto me recordaba a Anabella cuando era más pequeña. Deslicé un dedo suavemente por su mejilla. La piel era tersa y cálida. Ella no se inmutó. Otro trago. El alcohol empezaba a nublar un poco mis pensamientos, pero no de forma desagradable. Más bien, los liberaba de las cadenas de la cordura cotidiana. Mi mirada bajó hacia su brazo, la pequeña mano que asomaba de la manta. Dudé un instante, una fracción de segundo donde una sombra de… ¿qué era? ¿advertencia? ¿precaución? cruzó mi mente. La ignoré. Tomé su manita entre las mías. Era tan pequeña. Sus dedos, diminutas réplicas de los de un adulto, estaban ligeramente curvados. Sentí una textura suave, casi como terciopelo. No había nada sexual en esto, que quede claro. ...
... Era pura… exploración. Como un científico analizando una muestra bajo el microscopio. Quería entender esa fragilidad, esa inocencia que contrastaba tan brutalmente con el caos del mundo adulto. La levanté un poco, examinando la palma de su mano. Las líneas eran apenas visibles, un mapa borroso de un futuro incierto. ¿Qué le depararía la vida a esta pequeña criatura? ¿Alegrías? ¿Sufrimientos? ¿Se convertiría en una mujer fuerte o en una más del montón? La volví a dejar suavemente sobre la almohada. Ella suspiró levemente y se acurrucó más en su manta. Me levanté y me serví otro trago. La luz del unicornio proyectaba sombras extrañas en las paredes del living. Las otras niñas dormían plácidamente, ajenas a mi presencia, a mis pensamientos. Volví a sentarme en el sillón. La botella estaba ya por la mitad. Sentía una calma extraña, una desconexión del mundo exterior. Solo estábamos ella, sus amigas dormidas y yo, en la penumbra de la noche. Mi mente divagaba. Pensaba en mi propia infancia, en las cosas que había hecho, en las cosas que me habían hecho. ¿Había sido tan inocente alguna vez? ¿En qué momento se pierde esa pureza? Miré de nuevo a la niña rubia. Seguía durmiendo, ajena a mis cavilaciones. Una pequeña burbuja de inconsciencia en medio de mi noche de whisky y reflexiones turbias. Quizás, solo quizás, esta era la única forma de encontrar un poco de paz en este puto mundo. Observar la inocencia sin tocarla, sin corromperla. Solo observar. Pero la ...