1. La pijamada de mi hija


    Fecha: 30/10/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Perverx, Fuente: SexoSinTabues30

    ... noche era larga, y la botella aún tenía algo que ofrecer. Y mis pensamientos, como siempre, eran impredecibles.
    
    (El whisky ya no quemaba, ahora solo entumecía. La línea entre la observación y algo más se había difuminado, borrosa como un recuerdo lejano.)
    
    Estaba ahí, en calzoncillos, la tela pegajosa por el calor de la noche y el sudor frío que me recorría la espalda. La botella de whisky reposaba a mis pies, casi vacía. Mis ojos, fijos en el grupo de niñas dormidas, parecían tener vida propia, recorriendo sus pequeños cuerpos bajo las mantas.
    
    No recuerdo exactamente cuándo empezó. Una mano inquieta, descendiendo sin permiso propio. Un roce distraído, al principio casi inconsciente. Pero la fricción, el contacto con mi propia piel, despertó algo dormido, algo primario y oscuro que siempre había estado latente en algún rincón de mi ser.
    
    Mis dedos se movían con una torpeza excitada, la respiración se aceleraba y la sangre comenzaba a bombear con más fuerza en mis venas. Mi mirada seguía clavada en ellas, en la curva suave de una mejilla, en el pequeño bulto de un pecho incipiente bajo la tela de un pijama.
    
    No había culpa. No había remordimiento. Solo una sensación creciente, una necesidad apremiante que parecía surgir de la nada y al mismo tiempo haber estado ahí siempre. Era como rascar una picazón antigua, una comezón que por fin encontraba alivio.
    
    Mi mente intentó justificarse, buscar una razón lógica a lo que estaba haciendo. El estrés del trabajo, la ...
    ... monotonía del matrimonio, la visión de esa inocencia que contrastaba con mi propia miseria… Tonterías. Eran solo excusas baratas para un impulso que no necesitaba explicación.
    
    La erección se hizo firme, dolorosa. Mi mano trabajaba con urgencia, la fricción generaba un placer casi punzante. Los gemidos se quedaron atascados en mi garganta, ahogados por la vergüenza de ser escuchado, aunque sabía que las niñas dormían profundamente y Laura estaba en la habitación de arriba, ajena a mi despertar.
    
    Pero la vergüenza era un fantasma débil comparado con la intensidad del momento. Era como si una presa se hubiera roto dentro de mí, liberando una corriente oscura y poderosa que me arrastraba sin resistencia.
    
    Mis ojos viajaban de una niña a otra, deteniéndose en los detalles más insignificantes: un mechón de pelo rebelde sobre la frente, una mano aferrada a un peluche, la suavidad de sus labios entreabiertos. Cada imagen alimentaba mi excitación, la intensificaba hasta un punto casi insoportable.
    
    Sabía que estaba mal. La conciencia, esa vocecita molesta que a veces intentaba hacerse oír, susurraba advertencias débiles. Pero la ignoré, la silencié con la fuerza de mi deseo. Esta era mi noche. Mi momento. Y tenía toda la oscuridad y el silencio del mundo para saciar este apetito que acababa de despertar.
    
    La proximidad de las niñas, su inocencia dormida, actuaba como un catalizador perverso, intensificando cada sensación, cada roce. Era como si su pureza inconsciente realzara ...
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