1. corrompiendo a mamá


    Fecha: 05/11/2025, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... deje de perversidad a la escena. Sus pezones grandes, erectos, parecían duros. La tina de baño desbordándose por los movimientos indecorosos de mamá.
    
    El agua escapando de la tina, ella húmeda, toda.
    
    “Ayyy” “Aaaah” jadeando ella.
    
    El aire se me fue ante lo que presenciaba. Luego puse atención para distinguir qué era eso que mamá había sacado del agua a la altura de su entrepierna y me llevé una sorpresa violenta. Era el mango de un utensilio de cocina, y éste tenía un forro puesto que es lógico que mamá había comprado para que no se hiciera daño durante su masturbación. Lo había comprado sólo para darse placer. Dudo que con papá usen condón a estas alturas del partido. Es más, dudo que cojan más.
    
    Deduzco que si mamá se autocomplace sola es porque su relación sexual con él se ha extinguido. Quizá los años apagaron la llama del deseo. La monotonía. Los 54 años de mi padre, junto a su mal genio, o la panza chelera que le cuelga. Cualquier cosa. Puede ser cualquier cosa.
    
    El caso es que mamá estaba ganosa, ansiosa de sexo. Ambiciona tocarse. Volverse a sentir mujer.
    
    Ella jadeando, el agua chapoteando. El piso mojado, como debía de estar su sexo. Yo nervioso, impresionado.
    
    No la pude ver directamente, porque estaba debajo del agua, pero no pude evitar imaginar cómo era su vagina, aun cerrada, porque a Lucy y a mí nos parió con cesárea “una cesárea vertical que casi no se nota”, le he oído decir a sus amigas “una cesárea que al menos de allá abajito me sigue ...
    ... manteniendo virgen a mis 44 años.”
    
    44 años bien puestos. Y ella está mejor que nunca.
    
    Son recordar esos comentarios e imaginar su vagina del color de sus labios rosados. Sus labios mayores brotados, igual de gruesos que los de la boca. En ese rato babeando, tal vez enrojecidos por los constantes vaivenes de su masturbación. Por los roces del mango cubierto por el condón. El mango del rodillo con el que aplana la masa de sus postres. Y ella se masturbaba con el mango: sólo el mango, que tampoco es tan grueso ni tan largo. Y ella se conformaba. Ella se tocaba.
    
    “Dios, mamá, cómo me has puesto” pensaba mientras me sobaba el paquete frenéticamente.
    
    Tal vez el clítoris le brotaba, florecido, sensible, y ella estimulándolo con sus deditos libres. Yo no sé, no lo podía ver, pero con solo observar el gesto lujurioso de su perfil, podía imaginármela, con sus dedos libres aferrándose al rodillo, clavándose el mango dentro de su empapado sexo. El condón friccionando su interior mojado, ya abierto por tantas embestidas. Ella gimiendo, rogando en silencio que el utensilio masturbatorio fuese de carne flexible que pudiera adecuarse al interior de su coñito.
    
    Un coñito abandonado por el insensible de mi padre.
    
    “¡Ahg!” gimió.
    
    Su voz: lo mejor de todo es su voz, tan dulce, tan maternal, tan inocente y a la vez tan obscena. Gemidos, dulces gemidos, fácilmente confundibles con el oscilar del agua de la tina.
    
    “¡Mmmhhh!”
    
    A lo mejor después introdujo en su agujerito dos dedos, ...
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