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Memorizarse
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... mi primer lunes en mi nuevo destino de trabajo. No puedo sino tener buenas palabras para todo lo que me encontré allí: un equipo de trabajo super profesional que me acogió con los brazos abiertos, un proyecto enormemente retador para mí y unas condiciones laborales excepcionales. Todas las mañanas estábamos allí a las 08:00, pero todo el mundo se esforzaba en que nadie tuviera que quedarse más allá de las 16:00. Así, durante las primeras semanas, mis rutinas era muy básicas: me recorría la ciudad entera a golpe de zapatillas y running antes del amanecer, trabajaba hasta el almuerzo y me dedicaba a mi bienestar emocional el resto del día. Así, aprendí a comprar en las tiendas de proximidad de la zona, diseñé mis menús priorizando la calidad y la cercanía, disfruté de una ciudad maravillosa, leía, dormía. Por supuesto echaba de menos mi gente y mi ciudad, pero nada en mi nuevo destino me era esquivo. Los fines de semana, además, aprovechaba para hacer alguna escapada a Picos de Europa o algún destino natural que me permitiera descansar y olvidar muchas cosas del pasado. Pasado el primer mes, me encontraba muy integrado, estaba en forma, había perdido varios kilos y había acondicionado el apartamento que la empresa me proporcionaba para convertirlo en un verdadero hogar. Sin embargo, el invierno avanzaba y las tardes me iban pesando un poco más. Fue entonces cuando vi el momento de recuperar un antiguo hábito, del que no hablaba con nadie y mantenía en la más estricta ...
... intimidad; la escritura de relatos eróticos. Durante un tiempo, había enfocado mi afición por la escritura hacia la ficción erótica. No tenía más objetivo que plasmar por escrito mis propias fantasías, nada organizado ni con voluntad de publicar nada. Sí las había subido en alguna ocasión a todorelatos, y con algún otro autor había intercambiado impresiones, pero era algo completamente intrascendente. Y desde luego, nadie de mi entorno más cercano conocía aquello, todo era bajo pseudónimos. La ausencia de círculos sociales abundantes o pareja, y el peso del invierno, me hicieron pensar que podría ser un buen momento para escribir y así soltar un poco la imaginación. Sin embargo, no quería encerrarme en casa; siempre me había seducido la idea de sentarme en una cafetería a tomar un café a media tarde, escribir y relajarme así un poco. Así, una tarde en la que lucía el sol, directamente desde la oficina, di un paseo por los alrededores de casa para pensar en alguna cafetería donde pudiera estar cómodo para eso. Ya desde hacía días, al pasar corriendo por la puerta, había visto un establecimiento que navegaba entre un bar de copas tranquilo y nocturno y una cafetería diurna, con un ambiente cálido que le proporcionaban su mobiliario de madera y el color de paredes y decoración. Cuando entré, diferentes zonas de sillas o sofás aportaban diferentes ambientes y propósitos, y me pareció muy apropiado en un primer momento. En cualquier caso, literalmente no había nadie ...