1. Memorizarse


    Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... presencia, enfrascada como estaba en la lectura de un libro. Aquello era lo que la tenía concentraba y yo no acercaba a ver desde mi sitio. Sentada sobre un de las neveras, cruzaba sus piernas menudas enfundadas en unos vaqueros ajustados y se concentraba en la lectura de un ejemplar antiquísimo de “El Halcón Maltés”. Debo reconocer que súbitamente mi interés por aquella chica creció; nadie que lea una novela de ese calibre puede carecer de sensibilidad o cultura, y eso me resulta siempre irresistible.
    
    Esos diez segundos me permitieron analizar un poco mejor a aquella chica. Con expresión concentrada, sostenía con las dos manos el libro aunque un par de mechones de su melena rojiza le molestaban constantemente. Aunque su indumentaria denotaba claramente que estaba trabajando y sin ningún propósito de realzar belleza alguna (con vaqueros, zapatillas y una camiseta amplia), lo cierto es que su figura se adivinaba bonita y menuda, y sobre todo su actitud concentrada me encantaba.
    
    De repente pareció advertir mi presencia y pegó un respingo mitad susto mitad responsabilidad.
    
    —Uy, disculpe, no le había visto. -me dijo con tono culpable.
    
    —Es normal, no te preocupes. Es que “El Halcón Maltés” es absorbente. - respondí sonriendo.
    
    Tardó un par de segundos en asimilar mi frase y en mirar el libro que había dejado apartado. Por primera vez advertí un sucedáneo de sonrisa en su rostro, que de repente se iluminó a pesar de las ojeras y el cansancio.
    
    —Sí que lo es, desde ...
    ... luego. -me respondió mientras miraba al libro.-¿Lo ha leído?
    
    —No me hables de usted, por favor, aún me siento joven. Lo leí hace mucho, y es realmente bueno aunque no lo recuerdo bien. Recuerdo cómo describen el asesinato de un personaje gordo y con malos modales con mucho detalle.
    
    Por la cara que puse supe que había pillado la referencia a su jefe y a la escena de hace unos minutos. Puso los ojos en blanco antes de responder sonriendo.
    
    —Jaja, no sé a quién me recuerda. En fin, ¿te cobro?
    
    —Mucho mejor así. Sí, por favor.
    
    Pagué con tarjeta y sonreí, mientras las dos señoras que tomaban su café se acercaban también a pagar. Eso fue todo, y con un “gracias, buenas tardes” resolvimos aquel amago de conversación literaria.
    
    De repente, algo en aquel sitio y en aquella chica me invitaron a pensar que quizás sí era un escenario agradable para sentarme a escribir. No tenía por supuesto mayores ambiciones con una chica con seguramente 15 años menos que yo y seguramente una vida a su alrededor. Pero confiaba en mi intuición y sin duda nadie que lea una de las obras cumbre de la novela negra mundial puede resultar desagradable. Sí, sin duda volvería allí al día siguiente.
    
    Volví al café al día siguiente, tal y como me había prometido. Llevaba el portátil bajo el brazo y una libreta por si el teclado me traicionaba. La tarde era gris, como tantas en Asturias, pero la lluvia había dado tregua. Al entrar, la campanilla de la puerta hizo un leve tintineo, y fue como si una ...
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