1. LNE (2). Berenjena y mandarina


    Fecha: 18/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... educación emocional.
    
    —¿Y tú? ¿Sigues con tu crisis de los cuarenta o ya pasaste a adelantar la de los cincuenta sin darte cuenta?
    
    —Estoy en fase de expansión espiritual y crecimiento...
    
    Hubo silencio. Después charlaron sobre Sergio, la escuela, sus amiguitos, las asignaturas. Luego vino el vino. Y después del vino, el sofá. Y después del sofá, los recuerdos. No tanto de la pasión, sino de la costumbre.
    
    Dos cuerpos que sabían cómo encajar sin preguntarse si aún querían hacerlo. Besos torpes. Manos por inercia.
    
    Esther suspirando como quien limpia el trastero porque no tiene nada mejor que hacer un sábado por la noche.
    
    —Esto no es amor —dijo ella mientras se desabrochaba la blusa con desgana—. Esto es soledad con beneficios.
    
    —Y alergia al compromiso —
    
    —Sigues… cómo decirlo… como una tarta de cumpleaños que ya no tiene velas, pero uno se la quiere comer igual.
    
    —¿Me estás llamando postre caducado?
    
    —¡No! ¡Te estoy llamando clásico! Como el flan. O el VHS.
    
    Esther se sentó a su lado. Se miraron como dos personas que han compartido sábanas, cuentas bancarias, y una visita incómoda al ginecólogo.
    
    —¿Por qué estás aquí, César?
    
    —Porque me acordé de cómo gritabas mi nombre cuando te hacía el “Movimiento Excavadora”.
    
    Ella rodó los ojos.
    
    —Te juro que solo tú bautizas posturas sexuales con nombres de maquinaria de obra.
    
    —Es branding, cariño.
    
    Esther ya no era la misma de 2015, pero César tampoco. Él tenía más canas, y alguna cicatriz ...
    ... desconocida. Ella, algunos kilos de más y alguna arruga de las que añaden personalidad. Pero cuando se besaron, hubo algo ahí. No solo nostalgia. No solo necesidad. Una chispa antigua que decía: ¿y si todavía podemos?
    
    Ella lo tumbó sobre la cama con autoridad.
    
    —No hables. Solo déjate llevar. Como hacías con los impuestos.
    
    —Eso fue una sola vez y fue culpa del banco.
    
    Las manos se recorrieron sin prisa, como viejos amigos reencontrándose en una convención de cuerpos que crujen. Esther siempre había sido guapa, y el tiempo que había pasado no había mermado su belleza, aunque si ajado un poco, afilado y decantad. Él bajó por su vientre, con devoción casi religiosa, un poco menos terso de lo que recordaba pero igualmente plano.
    
    —¿Te estás santiguando o calentando?
    
    —Ambas.
    
    Abrió sus muslos y contempló ese coño que conocía tan bien. Depilado, con unos labios gorditos y oscuros, y unos labios menores que asomaba, tentadores, rosados. Pasó su lengua agradeciendo sus gemidos, llenándose la boca de su sabor y su tacto, familiares y añorados. Jugó con su clítoris, con la entrada de su coño, con esa raja húmeda, salada, levemente amarga y sensible. Chupó, besó, bebió, como si quisiera ganarse puntos en una competencia internacional, y ella, con sus gemidos bajos y entrecortados, parecía tanto disfrutando como evaluando:
    
    —Mejor que en 2017. Menos lengua que en 2020. Agradezco la madurez.
    
    Con la cara empapada y brillante de su flujo y de su saliva, César se acomodó sobre ...