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LNE (2). Berenjena y mandarina
Fecha: 18/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... ella, entre sus piernas. —¿Ves? Me supero con los años. Como el vino. O como tú cuando aprendiste a fingir orgasmos sin que yo lo notara. —Nunca fingí. Solo tenía prisa. Rieron. Luego no tanto, cuando la polla de César la penetró con fuerza, con brusquedad, como queriendo reclamar un territorio que le perteneciera por derecho del que hubiese sido largamente desterrado. Esther seguía teniendo unas tetas fabulosas, redondas, amplias pero no desmesuradas, y aunque los cuarenta habían cedido en parte a la gravedad, todavía eran dos lunas llenas coronadas por unos pezones pequeñitos de color marrón oscuro, que César comió con fruición mientras seguía entrando y saliendo de su coño, con ansia, con energía, y también con una química que ni el divorcio había extinguido del todo. -Hijo de puta… me vengo… Ayy.. – comenzó aullar Esther entre gemidos. El orgasmo les atrapó demasiado pronto, demasiado indefensos, demasiado apasionados, y Esther ahogó sus gritos mordiendo el hombro de César, que se corrió como una fuente, empujando más y más dentro de su ex. Cuando el éxtasis eléctrico de sus huevos se hubo calmado, se desplomó a su lado, jadeando, y ambos se quedaron abrazados, recordando en silencio una complicidad largo tiempo ahandonada. César acariciaba su piel, y no puedo evitar sentir una punzada de deseo. —¿Y si… por los viejos tiempos… tomamos la puerta de servicio? —susurró, mientras tocaba con sugerencia la parte más blindada de Esther. Tenía un buen culo, ...
... redondo, firme, y aunque tenía algunos hoyuelos y algún kilo más de cuando estaba casados, seguía siendo una de las mejores partes de su anatomía. Ella se congeló. —¿Perdona? —Digo, la vía menos transitada. La del misterio. La que no sale en Google Maps. Ya sabes… la otra autopista. Esther lo empujó con una fuerza inesperada para alguien que había hecho estiramientos hacía escasa media hora. —¿Estamos otra vez con esto? ¿Sigues con esa fijación? ¿Después de todo este tiempo? —¡Pero si antes era tradición! ¿Recuerdas “el Fin de Año 2012”? —¡Sí! ¡Y también recuerdo que me pasé tres días sentada sobre una bolsa de guisantes congelados! —¡Yo también sufrí! El fisioterapeuta me preguntó si había levantado pesas con el alma. —César, esa zona ahora es patrimonio nacional. Cerrada al público. Solo visitas guiadas con cita previa. Y tú no tienes pasaporte. Él hizo un puchero. Literal. —Vamos, Esther. En nombre de lo que tuvimos. De esa semana en el camping nudista. De tu cumpleaños número 38. —No. Si insistes, te expulso de este colchón. Y tengo una rodillera lista para lanzarla. César levantó las manos. —Está bien. Paz. Sin acceso. Me quedaré en la vía principal. Aunque… ¿puedo tocar el timbre? —¿Con respeto? —Siempre. Y así lo hizo. La giró, colocándola a cuatro patas, admirando esas nalgas firmes y turgentes. La empotró desde atrás, con ternura, con risitas, con momentos de “¡ay, mi ciática!” y “¡mueve la pierna izquierda, no ESA ...