-
LNE (2). Berenjena y mandarina
Fecha: 18/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... observó un instante más. No parecía completamente convencida, pero tampoco dispuesta a seguir discutiendo. —Hoy no me caes tan mal —dijo, sin demasiado énfasis, pero con cierta calidez resignada. —Gracias —respondió él—. Hoy he venido sin tridente y con el trapo blanco. Los cuernos sí los llevo, cortesía de mi ex mujer. Se quedaron un instante más en silencio. Luego, ella volvió hacia su silla. César, mientras gravitaba hacia el centro de la sala, se quedó un momento parado, mirando los restos de servilletas y papeles. Pilar ya hablaba de la actividad de "Yoga Inclusivo de Género Neutral" para diciembre. César se dejó caer en la silla. Mientras alguien comentaba la posibilidad de contratar una batucada vegana para Carnaval, él pensaba en lo que Inés le había dicho. ¿Y si sí era él? ¿Y si aquel episodio de su pasado, uno de tantos, había dejado una herida de esas que sangran sin hacer ruido? Porque sí. Lo fue. Pero también era cierto que no lo recordaba como algo importante, ni valioso. Ni siquiera placentero. Solo como uno de esos deslices de su “vida entre las hormigas”, como cantaban los Ilegales. Se preguntó si debía decírselo. Si la sinceridad valía la pena cuando el daño ya estaba hecho y el presente tenía posibilidades de redención. Se inclinó hacia atrás, se rascó la barbilla, y pensó con ironía: —A veces, la verdad solo sirve para arruinar una buena excusa. Y se prometió, al menos esa vez, ser mejor que el recuerdo que ...
... dejaba. *** Jimena, la psicóloga infantil, tenía ya preparado el termo con infusión de cúrcuma, una vela aromática encendida y una playlist de jazz minimalista sonando en su portátil cuando Luis entró en su despacho. Llevaba sandalias de cuero reciclado, pantalones bombachos de lino y, bajo el brazo, un cuenco tibetano de tamaño sospechosamente familiar. —Buenos días, Jimena. Vengo en paz y en resonancia —dijo mientras se sentaba directamente en el suelo, en flor de loto. Le seguía su hijo, Yelay, disfrazado de nube antropomórfica. Jimena le ofreció una silla al niño, pero este se limitó a flotar simbólicamente por la estancia. —¿En qué puedo ayudarte hoy, Luis? —preguntó Jimena, abriendo su libreta con la expresión contenida de quien sabe que vienen curvas. Luis cerró los ojos y comenzó a hablar como si estuviera narrando un documental de BBC. —He observado signos de una reencarnación precoz. Estoy convencido de que Yelay es un alma vieja atrapada en un cuerpo pre-lingüístico. Hay manifestaciones. Señales. Negativas a comer papilla que no han pasado por cuenco de barro cocido. Jimena asintió con gravedad, como si no fuera la tercera vez esa semana que alguien le hablaba de linajes místicos infantiles. —¿Tienes idea de cuántas veces se ha reencarnado? Luis no dudó. —Tres. Una como helecho. Otra como mujer-chamán mesopotámica. Y ahora… esto —dijo señalando a Yelay, que soplaba al aire como imitando el viento del oeste. —No quiero ir a psicomotricidad ...