1. Relato de un profesor erotizado


    Fecha: 20/01/2026, Categorías: Hetero Sexo con Maduras Autor: el profesorcito aquel, Fuente: SexoSinTabues30

    ... fin de cubrirse la boca abierta del asombro que mi comentario implicaba. Se quedó mirándome por unos segundos, e incrédula a lo que acaba de escuchar me replicó que nunca un docente le había hecho semejante confesión. Pero lo más asombroso de todo fue que ella también tenía una muy buena opinión mía, la cual disfrazó sagazmente en su complacencia por mi modo de enseñar. Estas palabras causaron en mí cierta seguridad de que las cosas podrían fluir de mejor manera, lo cual me empujó a decirle:
    
    – Quiero decirle que me atrae mucho, me encanta como se ve, como viste, usted irradia mucha sensualidad. Me gustan sus piernas, su frondosa cabellera, sus pechos… ese short que viste hoy me trae loco desde la primera vez que se lo vi puesto. Yo me pregunto si le gustaría que pasara algo entre los dos… me gustaría juntar mis labios con los suyos.
    
    A pesar de su estupefacción, percibí que su mirada se tornó indignada y en tono burlesco me dijo:
    
    – ¿Quiere ser otro desempleado más en este país?
    
    – No, ¿cómo así? – respondí.
    
    – Entonces, ya sabe. Los docentes no deben besarse con sus estudiantes.
    
    Algo molesta, mi pupila se disponía a salir del aula. De repente un ataque de ansiedad me invadió, el cual hizo que me levantara del escritorio, me adelantara a ella y asegurara la puerta. Su pasmo fue tal que se inmutó ante tan descarada acción. En estado de alteración le dije que del salón no iba a salir hasta que me complaciera. Ella, en su inmovilidad, se limitó a escucharme y a ...
    ... mirarme asombrada y fijamente.
    
    Empecé a deslizar mis dedos entre su oscura, bella y larga cabellera, como un esquiador que disfruta del descenso de una colina. Ella trató de retirarse exclamando que qué me pasaba, que eso no era ético ni estaba bien.
    
    Ni yo mismo entendía esa reacción violenta que tuve con mi estudiante, pero luego comprendí que mi deseo sexual por ella era tan grande que estaba dispuesto a arriesgar muchas cosas de mi trabajo por una situación coyuntural de gozo con aquella linda que tenía en frente. Luego de su pelo, continué por su cintura hasta que tropecé con ese short, aquel que tan caliente me ponía cada vez que lo vestía en el aula.
    
    Ella no podía creer lo que estaba pasando, pero en el fondo de su ser sus ganas de ser complacida eran evidentes. Esto debido a que después de acariciarle su cabello y su short, parecía relajarse un poco más. Comprobé nuevamente que la entrada del aula estuviese con seguro con el fin de evitar desagradables visitantes que arruinaran nuestra cita. Afortunadamente, era la última clase y nadie entraría allí, salvo la aseadora, que lo haría alrededor de las 8:00 p.m.
    
    Mis dedos encontraron el límite de su short y palparon la piel de sus piernas, aquellas que tantas veces humedecieron mi ropa interior al pensar que algún día tendría que explorarlas y estar en medio de ellas. Aquellas piernas infinitas y generosas que deseosas de ser tocadas me rendían tan deleitosa excitación.
    
    – Usted me encanta, bonita.
    
    – Esto no ...
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