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Relato de un profesor erotizado
Fecha: 20/01/2026, Categorías: Hetero Sexo con Maduras Autor: el profesorcito aquel, Fuente: SexoSinTabues30
... está bien, voy a gritar… Una vez escuchada esta exclamación, y teniendo en cuenta mi intranquilidad y apetencia por devorármela, la tomé fuerte y le dije: – ¡Cuidado hace algo que arruine el momento! Tomé su cintura y le despojé su blusa, tan transparente ella, y al descubierto quedaron sus voluminosos y deliciosos senos que esperaban ser acariciados por mis inquietantes manos. Su negro sostén me parecía demasiado atractivo, ya que resaltaba de manera espectacular sus pechos. Mientras con una mano le acariciaba las piernas, con la otra saqué su sujetador. Ella era una chica adolescente y su busto era tan firme como la torre inclinada de Pisa. Sus pezones eran descomunales, como una galaxia en expansión. Eso me excitaba abundantemente. Imaginará el lector la erección que en ese instante tenía causada por el placentero estímulo de aquella señorita. Se quitó sus zapatillas, en señal de que realmente quería complacerse y complacerme, y quedó solamente con su short albo. Le ordené que se alejara un poco para apreciarla y poderme excitar más, así como estaba. – Está muy preciosa, ¿sabe eso? Quiero que me desvista y juegue con mi cuerpo. Tímidamente, comenzó a hacerlo hasta quedar con mi característico bóxer a rayas. Luego de percibir mi notable protuberancia, tímidamente y con una entonación bastante inocente me dijo: – ¿Puedo sacársela? – ¡Qué está esperando! ¡Hágalo! Con cierta vergüenza para ejecutar tal tarea, comenzó a desplazar sus pequeños dedos ...
... por mi pene, cuan niño que disfruta de su columpio. Sabía masturbarme por lo que inferí que ya había tenido experiencia previa. De repente, y entrando un poco más en confianza, la induje a que sus labios jugaran a la montaña rusa con mi miembro. Debo confesar que fue una de las felaciones más gratas que me han hecho en la vida. Su saliva burbujeante, el contacto de su boca y su lengua con mi pene era muy excitante y la variabilidad con que lo hacía convertía tal impulso en algo increíble. Me tenté a bajarle el short, deseaba descubrir qué pasaría después de esa barrera a la que estaba expuesto en mis lecciones y de la cual nunca en mi vida pensé iba a superar. Lo que descubrí me dejó estupefacto. Que no piense aquel que lee esta narración que me encontré con otro abultamiento como el mío, felizmente no fue así. Tenía una brasileña extremadamente sexy. Era negra y en su parte delantera la prenda no consistía en el típico triángulo que se les forma a las chicas sino más bien un ovalo alargado. Por detrás, como es característico, el diminuto hilo se extraviaba en la redondez de su culo. Parecía solicitar ayuda, pues se ahogaba entre la ranura de sus nalgas. Ante tal apreciación le dije: – Esta sensacional tanga hay que bajársela con los dientes, my pretty. – Nunca pensé que fuera tan travieso, profe. Una vez su ropa interior en el suelo, mi alumna estaba completamente desnuda opuesta a mí. Yo era un admirador de esa figura, como un explorador en un nuevo territorio que ...