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Capítulo 4. El juego de la noche
Fecha: 21/01/2026, Categorías: Gays Autor: Jordi97, Fuente: TodoRelatos
... sentía los besos de Iván, cerró los ojos, mordiéndose el labio inferior, como si no pudiera creer que esto estuviera realmente sucediendo. Iván levantó la cabeza, encontrando nuevamente sus ojos, llenos de deseo y algo más: asombro. —¿Te molesta que tome el control? —preguntó Iván con una sonrisa pícara. —No —respondió el camarero, con la voz quebrada por el deseo. Sabía que ya no había vuelta atrás. Iván volvió a sonreír, y esta vez fue él quien tomó la iniciativa, llevando las manos del camarero a su pecho, luego a su cintura, mostrándole que estaba dispuesto a dejarse llevar, pero solo bajo sus reglas. No había prisas. Todo sucedía como si cada segundo se alargara, pero sin llegar a ser insoportable. Ambos se iban a entregar por completo sabiendo que no era necesario apresurarse. La conexión estaba ahí, y todo lo demás solo importaba si les permitía disfrutar de lo que sentían. La tensión sexual siguió creciendo, pero Iván lo manejaba con una naturalidad inusitada. Sabía lo que quería, y no tenía miedo de buscarlo. Se movió hacia el camarero, rozando su cuerpo contra el de él, sin duda alguna de lo que estaba haciendo. La satisfacción en su rostro lo decía todo: Iván estaba tomando el control, y lo estaba disfrutando. Así que abrió su pantalón, le bajo la cremallera y Iván tenía ahí delante a esa hermosa polla, no pierdo el contacto con los ojos de un camarero ansioso y con ganas de que mi lengua lama su suculento miembro. Iván lo humede todo con su ...
... saliva, abro la boca suavemente y deja que entre todo en él, lo mete en la boca. Mueve la lengua dentro, lo saca y saca una sonrisa le está gustando. Así que cada vez se la está comiendo más y más rápido; y el camarero disfrutando de la mamada como nunca. Pero de repente se oye un ruido, y es la camarera buscando a su compañero; así que nos vestimos rápido y salimos del baño. Iván, todavía sintiendo el pulso acelerado y la humedad en su piel No podía dejar de sonreír, aunque sabía que el encuentro había sido fugaz, un destello en la oscuridad, pero también sabía que era algo que nunca olvidaría. Algo había cambiado en él. Su confianza se había elevado, y, por primera vez en mucho tiempo, se sentía completamente vivo. El camarero caminó a su lado, aparentemente tranquilo, pero con los ojos brillando con la misma intensidad que antes. No hubo necesidad de palabras durante el breve trayecto hacia el bar, pero Iván pudo notar cómo la energía entre ellos seguía siendo palpable. Como si todo lo que había ocurrido no estuviera cerrado, sino más bien abierto, listo para seguir donde lo habían dejado. Cuando llegaron al borde de la barra, el camarero se giró hacia Iván, y sus ojos encontraron los de él con una mirada que parecía decir más de lo que las palabras podrían expresar. Iván, con una sonrisa algo desafiante, apoyó las manos sobre la barra y observó al camarero. —¿No vas a decir nada? —preguntó Iván, aunque sabía que lo que acababa de ocurrir entre ellos era ...