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Soy hijo de puta Libro II // Cap. 2
Fecha: 23/01/2026, Categorías: Incesto Autor: JOS LIRA, Fuente: TodoRelatos
... vine a derrumbar precisamente contigo…! —Está bien, pequeña, está bien, dime lo que te pasa. —¡A ti no te importa! —me gritó, todavía llorando—, y ya te dije que me sueltes y no me toques la cara! —Sólo te estoy limpiando las lágrimas, Esther. —¡Te estás burlando de mí! ¡Todo el mundo lo hace! Mi madre tiene razón: yo sólo soy la burla de la gente, y jamás nadie me tomará en serio, por eso no tengo amigos, porque quienes se acercan a mí es sólo porque mis padres tienen dinero. En cambio… Esteban… él sí me ama de verdad. Él es más rico que yo… No tendría ningún motivo para fingir quererme. Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Por qué mierdas Amelia le diría esas pendejadas a su propia hija, sabiendo que la estaba atacando psicológicamente? —No creas una sola palabra negativa de las que te diga Amelia, ¿entiendes?, tú eres una chica muy valiosa que simplemente está pasando un mal momento. —¡Hipócrita! —me acusa—, estoy segura de que tú le ríes las gracias a mi madre cuando ella me humilla! ¡Los dos se burlan de mí! Esther se desprendió de mi agarre y comenzó a correr nuevamente. Tuve que alcanzarla una vez más para detenerla y posarla frente a mí. —¡Escúchame, Esther, no sé qué mierdas te haya metido tu madre en tu cabeza, pero ten la seguridad de que a ti es a la última persona en este mundo a la que yo lastimaría! —¿Ah, sí? ¿Y por qué debería de creerte? No tuve el valor de decirle la verdad “porque tú eres mi hermana, y aunque al principio ...
... pensé en hacerte daño para vengarme de nuestra madre, ahora he descubierto que tú sólo eres una víctima más…” —Porque… sí. —Vaya respuesta pendeja —me responde, un poco más contenida. —A ver, ya, Esther, ya… quiero que te tranquilices y le bajes dos rayitas a tu drama. Necesito que confíes en mí. De las lágrimas, Esther pasó a echarse a reír, irónica: —¿Cómo se supone que confíe en el tipo que se está cogiendo a mi madre? Un escalofrío me recorrió por toda la espalda. Así que ella aún sospechaba de lo mío con su madre. ¿Qué podía decir ante eso? —Si en verdad piensas que entre Amelia y yo hay algo, ¿por qué no se lo has dicho a tu padre? —la acusé. —Porque un disgusto así, mataría a papá, ¿se te olvidó que tiene problemas en el corazón? —Pero eso te hace nuestra cómplice, Esther, ¿te has puesto a pensar en eso? —¿Entonces me estás confirmando que sí te estás cogiendo a mi mamá? —¡Yo no he dicho eso, niña terca, lo que te estoy diciendo es que confíes en mí! —¿Cómo puedo confiar en el tipo que en su frivolidad, una noche me encuentra llorando como hoy, y se aprovecha de mi vulnerabilidad para besarme y hacerme creer que puede ser mi amigo…!? ¿Entonces era por eso por lo que se sentía mal? ¿Ella pensaba que yo estaba jugando con sus sentimientos? —¡Es que yo quiero ser tu amigo! —¿Y el beso? —¿En serio te importa el beso? —la puse aprueba. Esther suspiró. Tragó saliva y luego contestó altiva: —Me voy a casar con Esteban, así ...