1. La Puta de Morales - Parte 1


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    El amanecer acariciaba la silueta de Paula De León, conocida por todos como Paulita, mientras se erguía frente a la ventana de su apartamento. La luz matutina se filtraba entre las cortinas, pintando su piel cálida con destellos dorados. Su cabello castaño claro, suelto y ligeramente ondulado, caía sobre sus hombros como un manto sedoso, algunos mechones rebeldes enmarcando su rostro delicado. El camisón satinado de gris perlado que llevaba, adornado con encajes beige, se pegaba a su cuerpo esbelto, resaltando cada curva armoniosa: 90-60-90, una figura que habría hecho suspirar a cualquier hombre.
    
    "¿Por qué no me han ascendido?" El pensamiento resonaba en su mente como un eco persistente. Se observó en el reflejo del cristal, ajustando el escote del camisón con gesto automático. "Llevo más de seis años aquí, desde los dieciocho. Entré como redactora, igual que las otras. Todas ascendieron… ¿por qué yo no?" Recordaba a aquellas compañeras, igual de bellas, igual de capaces —o quizás no tanto—, pero que ahora ocupaban puestos superiores. "Soy la más preparada. La más eficiente. ¿Será que no me ven?"
    
    Con el ceño fruncido, Paulita se vistió para el trabajo: un traje ceñido que enfatizaba su cintura, medias de seda y tacones que hacían crujir el suelo con cada paso. Su belleza era un arma, pero hoy se sentía como un adorno invisible.
    
    —Buenos días, Paulita —saludó una de las recepcionistas al verla entrar en el edificio de la multinacional.
    
    —Buenos días —respondió ella ...
    ... con una sonrisa forzada, aunque por dentro hervía. "¿Cuántos años más tendré que fingir amabilidad?"
    
    El día transcurría entre informes y correos electrónicos interminables. Las nuevas, dos chicas de dieciocho años, torpes e inexpertas, cometían errores que Paulita corregía en silencio. "Son unas niñas. Yo también fui así." Pero a diferencia de ella, aquellas chicas no cargaban con seis años de espera.
    
    El sonido de pasos pesados la sacó de sus pensamientos. Ignacio Morales, su supervisor, pasó junto a su escritorio. Un hombre de cincuenta años, bajo, calvo, con un vientre que se abultaba bajo la camisa arrugada. Sus ojos, pequeños y voraces, se deslizaron por el escote de Paulita antes de seguir su camino.
    
    "Jamás. Jamás me tocará un hombre así." El asco le encogió el estómago. Ignacio era todo lo que detestaba: mediocre, arrogante, con un poder que no merecía.
    
    Al mediodía, la oficina se vació. Todos partieron al almuerzo, pero Paulita se quedó, sepultada bajo pilas de documentos que no eran suyos. "Las nuevas otra vez." Respiró hondo, decidida a terminar rápido. Necesitaba un café.
    
    El pasillo hacia la sala de descanso estaba desierto, solo el zumbido lejano del aire acondicionado rompía el silencio. Al doblar la esquina, un ruido la detuvo: gemidos ahogados, jadeos entrecortados. Paulita se quedó paralizada.
    
    Entre las sombras del almacén contiguo, distinguió a Ignacio, apoyado contra una mesa, los pantalones bajados hasta los tobillos. Y arrodillada frente a ...
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