1. La Puta de Morales - Parte 1


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... él, una de las nuevas: labios rojos y húmedos envolviendo su erección, sus mejillas hundiéndose con cada movimiento. La lengua de la chica recorría el largo del miembro con destreza, chupando la punta antes de hundirse de nuevo, profunda, hasta que las lágrimas asomaban en sus pestañas.
    
    —Sí, así… no pares —gruñó Ignacio, agarrando su cabeza y empujando con más fuerza.
    
    La escena era grotesca. El brillo de la saliva en los labios de la joven, el sonido húmedo de cada embestida, la forma en que Ignacio cerraba los ojos y tensaba el cuello, cerca del climax.
    
    —Te voy a llenar esa boquita —murmuró, y Paulita supo que no debía seguir viendo, pero no podía apartar la mirada.
    
    Con un gemido ronco, Ignacio se sacudió, derramándose en la boca de la chica, que tragó con obediencia, limpiando el resto con el dorso de la mano antes de sonreírle, sumisa.
    
    Paulita retrocedió sin hacer ruido, el corazón latiéndole en el pecho como un animal enjaulado. Regresó a su escritorio, las manos temblorosas, la mente nublada. "¿Esa es la razón? ¿Así consiguen lo que quieren?"
    
    El resto de la tarde fue un borrón. Las palabras en la pantalla se mezclaban con las imágenes que no podía borrar: la lengua de esa chica, las manos de Ignacio, su satisfacción egoísta.
    
    —Paulita, ¿estás bien? —preguntó una compañera al ver su expresión perdida.
    
    —Sí, solo… un dolor de cabeza —mintió.
    
    Pero dentro de ella, algo se resquebrajaba. Algo que, tal vez, nunca podría reparar.
    
    Desde aquel día en ...
    ... que había sorprendido a Ignacio Morales en el almacén, Paulita se convirtió en una observadora silenciosa, una sombra que analizaba cada movimiento, cada susurro, cada mirada cómplice en la oficina. Ya no era solo la secretaria eficiente y discreta; ahora era una mujer que buscaba respuestas, que intentaba descifrar el juego oculto detrás de los ascensos, de los favores, de las sonrisas demasiado dulces de sus compañeras hacia el supervisor.
    
    Las redactoras eran el escalón más bajo en la jerarquía de la multinacional, pero Paulita sabía que, con el tiempo y las habilidades adecuadas, podían ascender. Ella había invertido años en cursos de administración, redacción ejecutiva, incluso en diplomados en relaciones públicas. Ahora, mientras cursaba economía en la universidad —aunque a un ritmo lento por la falta de tiempo—, se preguntaba si todo su esfuerzo había sido en vano. "¿De qué sirve estudiar si al final lo que importa es esto?"
    
    Sus ojos, antes concentrados en su trabajo, ahora escudriñaban cada rincón de la oficina. Notaba cómo algunas de sus compañeras, especialmente las más jóvenes, buscaban excusas para acercarse a Morales, cómo sus risas eran un poco más altas cuando él estaba cerca, cómo sus miradas bajaban coquetamente cuando él las elogiaba. Paulita lo veía todo, y cada detalle la enfurecía un poco más.
    
    Una semana después del primer incidente, el destino —o quizás su propia curiosidad— la llevó a presenciar otra escena.
    
    Era tarde, casi la hora de salida, ...
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