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La Puta de Morales - Parte 1
Fecha: 27/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos
... y la mayoría de los empleados ya se habían ido. Paulita fingió revisar unos documentos mientras vigilaba a Morales desde el rabillo del ojo. Él se dirigió hacia uno de los despachos vacíos, aquel que solo se usaba para reuniones esporádicas. Lo curioso fue que, minutos después, una de las nuevas redactoras, una chica de cabello oscuro y sonrisa tímida, entró tras él con disimulo. Paulita esperó unos segundos antes de seguirla, moviéndose con sigilo, como si el más mínimo ruido pudiera delatarla. Al acercarse a la puerta entreabierta, escuchó jadeos entrecortados, el crujido de la madera bajo un peso repentino. —No aquí, señor Morales… alguien podría vernos —susurró la chica, pero su voz temblaba, no de miedo, sino de excitación. —Nadie queda a esta hora —respondió él, ronco, ya sin la autoridad fingida que usaba en las reuniones. Paulita se asomó lo justo para ver. La chica estaba sentada sobre el escritorio, las piernas abiertas, la falda subida hasta la cintura. Morales, entre sus muslos, desabrochaba su propio cinturón con manos impacientes. —Apúrate —murmuró ella, mordiendo su labio inferior. Él no necesitó más invitación. Con un movimiento brusco, le bajó las bragas y la penetró de golpe, haciendo que la chica arquease la espalda con un gemido ahogado. —Así… así —jadeó ella, enredando los dedos en su pelo escaso. Morales no era un amante delicado. Sus movimientos eran rápidos, casi animales, empujando una y otra vez con una fuerza que hacía ...
... tambalear el escritorio. La chica se aferraba al borde de la mesa, los músculos de sus muslos tensos, los senos balanceándose bajo la blusa desordenada. —Eres una putita, ¿verdad? —gruñó él, agarrándola de las caderas para clavar cada embestida con más fuerza. —Sí… sí —admitió ella, sin vergüenza, perdida en el placer. Paulita no podía apartar la mirada. No era solo el acto en sí, sino la crudeza de la escena, la forma en que Morales dominaba a la chica, la manera en que ella se entregaba sin resistirse. Pero lo que más la sorprendió fue el miembro de él: no era especialmente largo, pero sí grueso, tan ancho que la chica jadeaba con cada movimiento, como si cada centímetro la estirara hasta el límite. "Que verga gorda tiene." El pensamiento cruzó su mente antes de que pudiera detenerlo. Se sintió avergonzada por haberlo notado, por haberlo… admirado, incluso por un segundo. Morales aceleró el ritmo, sus gruñidos cada vez más guturales. La chica gimió, las uñas clavándose en sus hombros, las piernas temblando. —Voy a… voy a… —no terminó la frase. Un espasmo la recorrió, y Morales, con un último empujón, la llenó antes de separarse, jadeante. Paulita retrocedió antes de que pudieran descubrirla, pero esta vez no se fue con asco. Esta vez, algo dentro de ella se había removido, algo que no entendía del todo. Regresó a su escritorio con las mejillas ardientes, el corazón acelerado. "¿Es así como funciona todo aquí?" La pregunta resonaba en su cabeza mientras ...