1. La Puta de Morales - Parte 1


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... esfumaron, las miradas se clavaron en ella, y hasta el aire pareció volverse más denso. Paulita caminó con una seguridad que nunca antes había mostrado, sintiendo el peso de las miradas masculinas y el resentimiento femenino.
    
    —¡Paulita! ¿Qué… qué especial es hoy? —preguntó una compañera, tratando de disimular su asombro.
    
    —Nada especial —respondió ella, dejando caer las palabras como pétalos—. Solo quería cambiar un poco.
    
    Pero su objetivo no era impresionar a las demás.
    
    Ignacio Morales estaba en su oficina, rodeado, como siempre, de sus adoradoras más jóvenes. Paulita pasó frente a su puerta abierta, rozando deliberadamente el marco con sus uñas recién pintadas. Él levantó la vista, y por un segundo, sus ojos se ensancharon.
    
    Ella no se detuvo. Sabía que el primer movimiento debía ser suyo.
    
    Todo el día fue una coreografía cuidadosa. En la sala de café, "accidentalmente" rozó su mano al tomar la azucarera.
    
    —Disculpe, señor Morales —murmuró, bajando las pestañas con una modestia que sabía falsa.
    
    —No hay problema, Paulita —respondió él, pero su voz sonó más áspera de lo habitual.
    
    En el almuerzo, buscó sentarse cerca de su mesa habitual, cruzando y descruzando las piernas con lentitud calculada. Vio cómo su mirada se desviaba hacia ella más de una vez, pero siempre, siempre, había una de las jóvenes interponiéndose, riendo demasiado cerca de su oído, tocando su brazo con fingida inocencia.
    
    —Paulita, ¿me ayudas con este informe? —preguntó una de las ...
    ... nuevas, Luciana, con voz de niña perdida.
    
    —Hoy no puedo —respondió ella, sin mirarla—. Tengo demasiado trabajo.
    
    —Pero tú siempre nos ayudas…
    
    —Pues hoy no.
    
    El mensaje era claro: ya no era la compasiva. Ya no era la que cargaba con el trabajo de las demás.
    
    Por la tarde, desde su escritorio, vio cómo Valeria se inclinaba sobre el escritorio de Morales, sus dedos "accidentalmente" rozando el bulto que se marcaba bajo su pantalón. Él no la apartó. Al contrario, su mano descendió para pellizcarle las nalgas con una familiaridad que hizo hervir la sangre de Paulita.
    
    "¿En serio tengo que competir con estas zorras?"
    
    Pero no se rendiría.
    
    El estacionamiento subterráneo estaba casi vacío cuando Paulita tomó posición junto al auto de Morales, un sedán negro tan poco inspirador como su dueño. El eco de sus tacones resonó contra el concreto cuando él apareció, sorprendiéndola al verla allí.
    
    —Paulita —dijo, deteniéndose a unos pasos—. ¿Qué haces aquí?
    
    —Necesitaba hablar con usted, señor Morales —respondió, manteniendo la voz firme aunque sus palmas sudaban—. En privado.
    
    Él se cruzó de brazos, estudiándola como si fuera un insecto bajo un microscopio.
    
    —Habla.
    
    —Quiero una oportunidad —dijo, sin rodeos—. Seis años aquí, y nunca he tenido un ascenso. Soy la más preparada, la más eficiente.
    
    Morales soltó una risa cortante.
    
    —¿Y ahora te interesa ascender? —preguntó, acercándose—. Qué raro este cambio de actitud, Paulita. Pensé que eras diferente.
    
    —Todos ...
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