1. La Puta de Morales - Parte 1


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... piel.
    
    —¡Ah! —escapó de sus labios antes de poder detenerse.
    
    —Te gusta, ¿verdad, putita? —otra nalgada, más fuerte esta vez, dejando una marca roja que brillaba bajo la luz fluorescente—. Respóndeme.
    
    Paulita tragó saliva, sintiendo cómo la humedad entre sus piernas traicionaba su vergüenza.
    
    —Sí —susurró, enterrando las uñas en el capó del auto.
    
    "¿Cuándo admití esto? ¿Cuándo acepté que me excita que me traten como a esto?" El pensamiento cruzó su mente como un relámpago mientras Morales le subía el vestido por la cintura, exponiendo sus nalgas enrojecidas y las bragas de encaje negras, ya húmedas y pegadas a su piel.
    
    —Mierda —gruñó Morales al ver el estado de sus bragas—. Estás chorreando como una perra en celo.
    
    Sus dedos se engancharon en la tela y la rasgaron con un movimiento brusco, dejando su sexo al descubierto. El aire frío del estacionamiento le hizo estremecer la piel, pero nada comparado con el escalofrío que sintió cuando la punta del miembro de Morales rozó sus labios húmedos.
    
    —No aquí —murmuró Paulita, volviendo la cabeza para mirarlo—. No como una puta barata en un estacionamiento...
    
    Morales respondió con una risa gutural y un empujón brutal que la hizo arquear la espalda.
    
    —Exactamente como la puta barata que eres —susurró en su oído antes de hundirse en ella de un solo movimiento.
    
    El grito de Paulita se perdió entre el ruido del motor de un auto arrancando en algún lugar del estacionamiento. Morales no le dio tiempo a adaptarse; ...
    ... sus caderas comenzaron a moverse con un ritmo salvaje, cada embestida haciendo que el auto se balanceara ligeramente. Las manos de él se aferraban a sus caderas con tanta fuerza que sabría que tendría moretes al día siguiente.
    
    —Mírate —gruñó Morales, tirando de su pelo para obligarla a mirar el reflejo distorsionado en la ventana de un auto cercano—. ¿Ves? Esto es lo que eres.
    
    Paulita vio su propia imagen: labios manchados de lápiz labial, pelo revuelto, ojos vidriosos de placer. Pero lo peor era cómo su cuerpo respondía, cómo sus caderas comenzaron a moverse al ritmo de las de él, buscando más, siempre más.
    
    —Sí, sí, así —jadeó Morales, sintiendo cómo se apretaba alrededor de él—. Toma toda mi verga, puta. ¿Es esto lo que querías todos estos años?
    
    Cada palabra era un cuchillo en su orgullo, pero cada insulto la acercaba más al borde. Paulita sintió cómo el orgasmo comenzaba a construirse en su base de su espina dorsal, una presión que crecía con cada empujón brutal. Morales lo notó y redobló sus esfuerzos, cambiando el ángulo para golpear ese punto dentro de ella que hacía que viera estrellas.
    
    —Vas a venir, ¿verdad? —susurró, clavándole las uñas en las caderas—. Vamos, demuéstrame lo zorra que eres.
    
    El orgasmo la golpeó como un tren, sacudiendo su cuerpo con tal fuerza que tuvo que morderse el labio para no gritar. Las contracciones eran tan intensas que casi dolían, cada una extrayendo más placer de lo que creía posible. Morales no se detuvo; al contrario, ...