-
Sumiso del más allá - Capítulo 2
Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos
... esto… mi marca…! El primer chorro le cayó directo al rostro: caliente, espeso, blanco. El segundo le manchó la boca, resbalando por el labio inferior. El tercero, largo y denso, le chorreó por el cuello hasta el pecho. —¡Aaaaahhhnnghh… sí…! —rugió Ignatus, temblando. Y justo en ese instante, Gael se corrió masturbándose aceleradamente. Su pene expulsó un chorro fuerte de semen que golpeó la piedra, salpicando sus muslos, mientras su cuerpo se sacudía entero, con los ojos cerrados, el rostro cubierto. —¡Ssshhiiiiiíí… sí…! ¡S-síííííí! Cayó al suelo, jadeando, con la espalda temblando y el pecho subiendo y bajando sin control. Ignatus lo observó, respirando hondo, su cuerpo aún tenso por la descarga. Y por un momento… Solo se escuchó el goteo de los fluidos sobre la piedra. El eco del sexo en el silencio. Y el latido sagrado de algo que ya no era humano. El último espasmo de Ignatus recorrió su cuerpo como un trueno contenido. Su aliento era caliente sobre el rostro de Gael, su semilla resbalaba por sus mejillas, su cuello, su pecho tembloroso. La respiración del espíritu ancestral aún rugía en sus oídos. Pero algo cambió. El calor se apagó. El peso del cuerpo de Ignatus desapareció. Y por primera vez, Gael no perdió la conciencia. Abrió los ojos. Estaba solo. Aún de rodillas sobre la piedra húmeda, con el cuerpo temblando, marcado, el semen secándose en su piel. Su entrada aún palpitaba, tibia, abierta, temblorosa por la brutal ...
... posesión. El aire… cambió. Se hizo más denso. Un olor metálico, a viejo, a sexo, a algo muerto y antiguo. En las paredes, los símbolos que habían ardido con un fulgor oscuro comenzaban a apagarse uno a uno, como brasas que se asfixiaban. Y entonces… el cuerpo de Lucian cayó al suelo. Como un títere al que le hubieran cortado los hilos. Estaba completamente desnudo. Sudado. Con marcas en el pecho, en los muslos, una mordida sobre la clavícula. Su espalda tenía arañazos secos. La piel de sus nalgas mostraba huellas recientes de ser golpeada. Y entre sus piernas… aún goteaban restos. Gael se quedó quieto. No podía moverse. No por hechizo, sino por algo más profundo. El miedo. La vergüenza. La consciencia. El cuerpo de Lucian convulsionó apenas. Un jadeo le sacudió los labios. Y luego… —… ¿G-Gael…? Su voz era ronca, confundida, casi rota. Gael se estremeció. Lucian alzó lentamente la cabeza. Sus ojos estaban turbios, desorientados. Miró alrededor. Vio la cámara de piedra, las paredes cubiertas de símbolos apagados, las raíces colgando del techo. Sintió el frío del suelo en la espalda. Y luego… Vio a Gael. El cuerpo arrodillado. El rostro manchado de semen seco. Los muslos brillantes. El pecho agitado. El ano aún rosado, tembloroso, con un rastro descendiendo por la entrepierna. Lucian frunció el ceño. Parpadeó. Su rostro palideció al instante. —… ¿Pero qué demo… qué está pasando? —murmuró, más para sí que para Gael—. ¿Dónde mierda ...