1. Sumiso del más allá - Capítulo 2


    Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos

    ... estuvo completamente adentro, se quedó inmóvil. Gael temblaba como una hoja, su abdomen palpitaba, su pene goteaba gruesas gotas blancas sin siquiera tocarlo.
    
    —S-siento… todo… —murmuró Gael—. Dios… me estás… me estás partiendo.
    
    Ignatus le besó la nuca con una lengua húmeda, lenta, posesiva.
    
    —Y aún no he empezado a cogerte de verdad…
    
    Se retiró apenas unos centímetros y volvió a empujar con un golpe lento y firme.
    
    Plak.
    
    Gael gimió más alto:
    
    —¡Ahhhhnn! ¡Haaaahhh! ¡A-Ahh…!
    
    Ignatus comenzó a moverse.
    
    Lento. Profundo. Cada embestida era una sentencia. El cuerpo de Gael se arqueaba con cada entrada, su espalda tensa, sus músculos vibrando. Los gemidos llenaban la cripta como cantos profanos:
    
    —Ahhnn… ¡ahh… joder! ¡M-más… así…!
    
    La piel chocaba contra piel: plak… plak… chhhh-plak…
    
    La respiración de ambos era pesada, sincronizada.
    
    Entonces, Ignatus lo sacó de golpe.
    
    Gael soltó un jadeo agudo, como si le arrancaran algo vital.
    
    —Dame tus ojos —ordenó Ignatus, girándolo con fuerza.
    
    Gael quedó boca arriba, las piernas temblorosas, abiertas. El miembro de Ignatus, húmedo y duro, apuntaba de nuevo a su entrada enrojecida. Sin esperar más, se lo metió de nuevo con un solo empuje.
    
    —¡Aaaaahhh! —gritó Gael, alzando la cabeza— ¡M-me… me revientas…!
    
    Ignatus no se detuvo.
    
    Le tomó la cara con una mano, obligándolo a sostenerle la mirada mientras lo penetraba.
    
    —Mírame. Quiero ver tu cara cuando te follo como mereces.
    
    Los ojos de Gael ...
    ... estaban vidriosos, rojos, abiertos. Su boca, entreabierta, húmeda, jadeaba en busca de aire. Su ceño fruncido y los labios temblorosos decían más que cualquier palabra. Dolía. Ardía. Pero lo deseaba más que a la vida.
    
    Y lo dijo:
    
    —No pares… sigue… quiero que me folles… todo.
    
    Ignatus gruñó con placer.
    
    —Eso… así… eso eres: mi puto sumiso. Hecho para esto.
    
    Volvió a cogerlo fuerte, los músculos de su abdomen marcándose con cada estocada. El sudor goteaba desde su pecho hacia el cuerpo de Gael. El ritmo subió: plak-plak-plak, húmedo, violento, glorioso.
    
    Gael gritaba sin pudor:
    
    —¡Aghhh! ¡Dios! ¡A-Ahh… me estás… llenando… tan profundo…! ¡Me estás haciendo mierda y me encanta…!
    
    Ignatus se inclinó, bajó su torso, lamiéndole el cuello, el sudor, el gemido. Luego lo tomó de las piernas y lo alzó en brazos.
    
    —Sobre mí —dijo.
    
    Lo sentó sobre su miembro y Gael se hundió con un gemido largo:
    
    —¡Aaaahhh… joder… sí…!
    
    Empezó a cabalgarlo. El miembro entraba y salía con fluidez húmeda, aplastando su interior con cada movimiento. Su pene golpeaba contra su vientre, rozando su ombligo.
    
    —¡Me voy a correr…! —jadeó Gael, al borde del colapso— ¡Me vengo!
    
    Ignatus lo contuvo.
    
    —No aún… aguanta. Quiero correrme en tu cara primero.
    
    Lo bajó al suelo de rodillas, el rostro húmedo, la boca abierta, y comenzó a masturbarse. El miembro palpitaba frente a él, húmedo, enrojecido, pesado.
    
    —Saca la lengua —ordenó.
    
    Gael lo hizo sin pensarlo.
    
    Ignatus gruñó.
    
    —¡Toma ...