1. Sumiso del más allá - Capítulo 2


    Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos

    ... estamos?
    
    Se sentó de golpe, cubriéndose instintivamente con las manos. Su respiración se aceleró. Miraba alrededor con pánico, como si no supiera en qué año estaba.
    
    —¿Qué es esto? ¿Qué… es esto? ¿Qué me pasó? —Su voz temblaba—. ¿Por qué estoy… por qué estás…?
    
    Sus ojos bajaron al cuerpo de Gael. Lo recorrieron sin poder evitarlo. Sus pupilas se dilataron al ver los restos aún sobre su pecho, los muslos abiertos, los ojos vidriosos.
    
    —No… no puede ser.
    
    Gael intentó hablar. Pero su voz no salió.
    
    Lucian comenzó a retroceder por el suelo, hasta que su espalda chocó con una piedra. Miraba a Gael como si fuera un extraño. Como si no pudiera procesar lo que estaba viendo.
    
    —Yo no… no recuerdo esto… no… ¡Yo no estaba aquí! —exclamó, angustiado.
    
    Gael se cubrió el rostro con una mano. Su pecho se sacudía. No sabía si llorar, gritar o vomitar. Quería explicarlo. Quería abrazarlo. Quería desaparecer.
    
    Pero solo pudo decir una palabra, con voz baja, seca:
    
    —Ignatus.
    
    Lucian alzó la vista. Su rostro era un mapa ...
    ... de pánico.
    
    —¿Qué dijiste?
    
    Gael lo miró por fin. Con los ojos abiertos. Rojos. Rotundos.
    
    —Fue él. No tú.
    
    Silencio.
    
    Los ecos de esa frase murieron en los muros de la cámara.
    
    Lucian respiró hondo. Tragó saliva. Y entonces… sintió algo. Una memoria lejana. Borrosa. Una risa en su cabeza. Un susurro entre sus propios pensamientos. Un calor en la espalda. Unas manos que no eran suyas. Algo que olía a incienso… y a sexo.
    
    Se llevó una mano a la sien.
    
    —No puede ser… no… —murmuró, en shock—. Me usó.
    
    Gael asintió.
    
    Lucian lo miró de nuevo. Esta vez, con otra expresión. Más suave. Más rota.
    
    —¿Y tú…?
    
    Gael cerró los ojos. Una lágrima descendió por su mejilla sucia.
    
    —Yo… lo dejé entrar.
    
    Lucian quedó en silencio.
    
    Ambos, desnudos. Ambos vulnerables. Ambos marcados por algo que ninguno sabía cómo enfrentar.
    
    Y muy por encima de ellos, en algún rincón del techo de piedra, una grieta apenas visible dejó pasar un soplo helado.
    
    Y con ese soplo… una risa. Baja. Lejana. Eterna.
    
    Ignatus seguía allí. 
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