1. Sumiso del más allá - Capítulo 2


    Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos

    ... convertida en mordaza, silenciándolo y sometiéndolo desde dentro.
    
    No podía moverse.
    
    La magia lo tenía completamente a merced. Paralizado, como una estatua de carne tibia, sin más voluntad que la que Ignatus le permitiera. Su cuerpo era un templo profanado, vulnerable, ardiendo en cada rincón. Cada músculo, cada fibra, estaba viva con una sensibilidad desbordada. El dolor del frío, el cosquilleo del aire sobre su piel, la asfixia de no poder girar la cabeza… todo lo sentía multiplicado. Y bajo todo eso, una pulsación ardiente crecía dentro de él: la humillación, el deseo, el hambre.
    
    Su pene colgaba entre sus piernas, flácido al principio, pero lentamente reaccionaba. Empezaba a hincharse, a engrosarse, a llenarse de sangre con una obediencia instintiva que lo traicionaba. El glande comenzaba a asomar, húmedo, brillante. La vergüenza se mezclaba con un placer que no podía controlar.
    
    Pisadas.
    
    Lentas. Graves. Resonando como truenos húmedos en el eco de la cámara. No necesitaba verlo. Sabía quién era. Su cuerpo lo reconocía incluso antes que su mente. Lo había sentido en sueños.
    
    Ignatus.
    
    La voz que brotó de la oscuridad era más profunda que antes. Más real. Más cercana.
    
    —Así te quería. Así debías estar —dijo con tono suave, cruel, como si cada palabra fuera un dedo trazando su columna vertebral—. Expuesto. Mudo. Mío.
    
    La palabra lo atravesó como un rayo helado. Mío. Una afirmación total, irreversible. Gael se sintió despojado de todo. De su nombre. De ...
    ... su voluntad. De su humanidad. Pero no sintió miedo. Sintió una entrega silenciosa que lo llenó de una desesperación dulce, una necesidad que lo volvía aún más erecto, más abierto, más indefenso.
    
    Gael gimió, o al menos lo intentó. Solo un jadeo bajo escapó de su garganta mientras el hechizo seguía dominando su cuerpo. La sangre se desbordaba en su erección. Su pene colgaba ya completamente rígido, grueso, curvado hacia abajo por el peso, con la piel tersa, las venas marcadas, y el glande rojizo vibrando con cada latido. Una gota de líquido preseminal bajó por la punta y resbaló hasta la piedra.
    
    Ignatus se agachó detrás de él.
    
    El calor de su aliento le abrasó la espalda baja. Gael se estremeció. El aire estaba helado, pero el tacto del espíritu quemaba como fuego lento, como deseo contenido. Cuando un dedo lo tocó, grueso y cálido, recorriéndole la hendidura de los glúteos, una oleada de placer súbito lo dejó sin aire.
    
    El dedo descendió, lento, hasta su ano. La piel se estremeció, sensible, vulnerable. El contacto fue casi reverente, pero cargado de poder. Gael temblaba. La sensación lo partía en dos: la humillación de estar expuesto, de ser abierto sin permiso, sin poder resistirse… y el ardiente anhelo de ser poseído.
    
    —Tu cuerpo ya responde, aunque tu mente aún se resista —susurró Ignatus—. Pero eso cambiará. Muy pronto.
    
    Las manos lo abrieron con firmeza. Sus nalgas fueron separadas sin piedad. Su ano quedó completamente expuesto, tenso, la piel sonrosada y ...
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