1. Sumiso del más allá - Capítulo 2


    Fecha: 28/01/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos

    ... húmeda, palpitando. El aire frío lo tocó, y un espasmo involuntario lo contrajo. Gael ardía por dentro. Sentía que el placer y la vergüenza se le mezclaban en los huesos. Deseaba con una intensidad que lo deshacía. Y aún así, seguía paralizado.
    
    Y entonces lo sintió.
    
    La lengua.
    
    Cálida. Lenta. Precisa. Lo lamió desde abajo hacia arriba. Una vez. Dos. Tres. Luego se detuvo justo allí, presionando su entrada, lamiendo con un hambre inhumana. El hechizo lo mantenía inmóvil, pero por dentro, su cuerpo vibraba con una tensión insoportable. Cada músculo interno se estremecía. Sus piernas temblaban. Su respiración era un jadeo caliente y húmedo contra la piedra.
    
    Su erección era total. El pene apuntaba firme hacia abajo, con el glande brillante y húmedo, goteando. Sus testículos, pesados y bajos, se tensaban, apretados contra la base, cargados y sensibles. Estaba al borde del delirio, atrapado en el placer de lo inconfesable, convertido en algo que nunca imaginó desear.
    
    Ignatus se incorporó.
    
    —Qué hermoso eres cuando no puedes defenderte —dijo. Gael escuchó el sonido de ropa cayendo. Luego, el golpe húmedo y seco de carne contra carne. Una vibración de poder en el aire.
    
    Frente a él, la oscuridad se abrió.
    
    Ignatus se mostró por completo. El cuerpo era alto, musculoso, firme. El pecho desnudo marcado por un símbolo ardiente, sobrenatural. Y entre sus piernas, la prueba viva de su dominio: un pene erecto, grande, completamente recto, de piel oscura, con el glande ...
    ... liso y abultado, húmedo, brillante, como si ya hubiera sido preparado para él. Colgando debajo, los testículos eran grandes, cargados, de piel arrugada, oscilando levemente con su respiración.
    
    Ignatus se inclinó y le retiró la trusa de la boca.
    
    Gael jadeó, por fin liberado. Su lengua estaba seca, sus labios húmedos y abiertos. Su pecho subía y bajaba, agitado, expuesto.
    
    El espíritu olió la trusa profundamente, saboreando su humedad como si fuera una reliquia. Luego se la colocó sobre el pecho, como una bandera de rendición.
    
    Tomó su propio miembro con la mano y lo frotó despacio sobre los labios de Gael, dejando un rastro de fluido que brillaba con el poco resplandor que daba la cripta.
    
    —Ahora… vuelve a usar esa lengua.
    
    Y Gael, sin emitir palabra, abrió la boca lentamente. No como acto de rebeldía, sino de entrega. De deseo. De necesidad. Su lengua salió apenas, tímida al principio, pero deseosa. El calor de ese miembro en sus labios fue lo único que necesitó para saber: no había retorno.
    
    Estaba hecho para obedecer.
    
    El glande rozó sus labios con lentitud, dejando un rastro tibio y viscoso que brillaba en la penumbra. Gael abrió la boca, temblando, y recibió la punta con cuidado, con torpeza. Ignatus no se movió aún. Solo lo miraba. Su mano descansaba en la nuca del joven, sin ejercer presión. Aún no.
    
    El pene entró apenas unos centímetros, rozando la lengua, deslizando el sabor denso, salado, intenso de su dueño. Gael cerró los ojos. Su lengua se movió ...
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