1. Lo que Aprendí con mi Tía (2/4)


    Fecha: 29/01/2026, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: TodoRelatos

    ... estando seria— Soy una dama, no cuento mis aventuras.
    
    —¡Qué mala…! —susurré sin pestañear. Sabía que estaba de broma, si no le hubiera pedido disculpas al instante.
    
    —Buena… Soy muy buena… Muy buena.
    
    Tragó saliva y se movió algo inquieta en el sofá, como si un picor en lo más profundo la incomodase. No estaba bien, requería de algo, como quien necesita una almohada de más para dormirse.
    
    Al final soltó una especie de sonido de placer, algo así como quien encuentra la postura una vez que se sienta después de un largo día. Allí estaba Ana, mirándome con una media sonrisa de satisfacción y una leve rojez que empecé a notar debido a que la luz le golpeaba directamente el rostro. Antes de volver a hablar, se mojó los labios con una densa lengua que los dejó brillantes.
    
    —Te puedo ayudar con tu maldición, aunque no sé si lograremos borrarla del todo. ¿Te animas a que probemos?
    
    —Sí. —si hubiera dicho otra palabra más, me hubiera desmayado.
    
    —¡Qué bien…! A ver si tenemos suerte. Todo es muy sencillo. —habló con calma y manando un calor digno de verano. Se acercó a mí y, si alzase la mano, podría tocarla— Creo que tu problema está mal enfocado. Seguro que te has enfocado en eso y por eso igual se te ve muy ansioso cuando buscas una chica con… esos dones.
    
    —¿Me vas a dar un consejo? —no sé ni para qué hablaba.
    
    —Claro. —me cogió la muñeca y la acarició con mucha delicadeza— Solamente tienes que ponerte como objetivo un pecho grande y alcanzarlo cuando esté a tiro. ...
    ... Tienes que visualizarlo, quererlo sin ansia. Tienes que pedir al universo que te lo traiga, que tú esperarás por él.
    
    —Yo lo deseo… y… ya se lo pedí al universo y a todos los dioses y diosas —me reí de manera muy tímida, aunque ella no lo hizo.
    
    —Para nada lo has hecho. —su rostro pasó de uno muy angelical a uno más fogoso, ardiente, igual que las chicas me ponían al cabalgarme— Solo recuerda lo que te dije. Visualizado, deséalo y, cuando tengas la oportunidad, hazlos tuyos. ¿Sí?
    
    —Vale… —contesté de manera nerviosa.
    
    —Ahora, solo mira.
    
    Sus manos dibujaron sombras en la pared que se movieron como fantasmas en una casa abandonada. Me quedé con la mirada fija en sus dedos, que asieron la parte más baja de esa vieja sudadera que no hacía justicia a su cuerpo, para nada similar al vestido de la tarde.
    
    El tiempo se detuvo en el exterior, incluso la televisión se paró en un coito que parecía eterno. ¿El motivo? Muy sencillo… Ana se estaba subiendo la ropa.
    
    La carne de su vientre apareció ante mis ojos, después un ombligo que me hizo contener el aliento, aunque apenas tenía aire para respirar y el corazón se detuvo al ver que ella no hacía lo mismo con sus manos. En medio de aquella tarde oscura que pretendía ser noche, la vieja sudadera se paró bajo sus senos.
    
    Fue un leve impulso, un extra de fuerza que provocó que la tela pasara por un cuerpo que no tenía nada más por debajo y de un segundo a otro, con jadeos a nuestro alrededor y una luz tenue, vi lo evidente. ...
«12...121314...19»