1. Lo que Aprendí con mi Tía (2/4)


    Fecha: 29/01/2026, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: TodoRelatos

    ... es mi límite.
    
    Sonrió sin llegar a reír, había puesto una cara extraña, de no comprender cómo podía sufrir tanto por unos pechos. Aunque parecía que mi experiencia le causaba gracia o, al menos, la curiosidad que puede ofrecer un novato en cierta materia. Se acurrucó aún más en el sofá y me volvió a observar con la oscuridad como aliado.
    
    —Una 90B no está lejos de la media, aunque de tanto porno que verás, es normal que pienses que no. —al usar esa palabra, de mi pene rezumó un leve líquido preseminal que manchó el calzoncillo— Es peor en el caso de las mujeres, nos esperamos cosas que luego, ni siquiera se acercan… —tomó aire y soltó un aire caliente— Esas pollas enormes…
    
    Mi mente se quebró, el sonido se me metió dentro y un chispazo en mi columna hizo que mi cuerpo se estremeciera. Oír esa palabra en una boca tan dulce, me excitó de una manera, que hubiera deseado que Lidia, se convirtiera en Ana y que ningún lazo nos uniera. En aquel momento, anhelé que ella tuviera la misma excitación por mí, que yo por ella. La quería devorar.
    
    —¿Por…? —mi voz tembló, apenas era capaz de conversar— ¿Por qué dices eso?
    
    —Cuando ves esos videos, —no me miraba, solo acariciaba su muslo por encima del pantalón— lo que manejan los hombres no es ni medio normal. Si nosotras comparásemos, sería horrible para vosotros. Aunque… —su mano subió por su mulso y se paró muy cerca de su vientre— antes has dicho que no siempre salen perdiendo cuando los ves. ¿Qué quieres decir con ...
    ... eso?
    
    Mi corazón latió con fuerza porque la cuestión era clara, Ana me estaba preguntando en un tono demasiado íntimo… por mi polla. Podría haberme pavoneado, pero tuve que decir la verdad, no me era posible mentirla, suponía que si lo hacía, me descubriría con una única mirada.
    
    —Algunas veces, se podría decir que… gano. —en su esplendor, en un apogeo máximo, me llegaba a veinte centímetros. No es un coloso, pero sí un tamaño para denominarla, grande.
    
    Los gemidos se intensificaron en la televisión junto a una banda sonora que parecía haber aumentado el volumen sin nuestro permiso. Ambos miramos a la pantalla, donde una escena tórrida se daba en su máximo éxtasis.
    
    En la primera ocasión que la vi, no me produjo nada, sin embargo, con una compañera tan perfecta y tratando unos temas tan delicados, creía que si terminaba de verla, podría obtener un orgasmo sideral.
    
    —¡Uff…! ¡Menuda suerte va a tener Lidia…! —acabó por decir entre gemidos de los protagonistas.
    
    Mi labio inferior vibró hasta el punto en que tuve que amarrarlo con un diente para que no descarrilase. Ana continuaba contemplando la escena, mientras las lentes la brillaban debido a la luz que emitía la pantalla. Al final, volvió la vista sobre mí, con un rostro serio y la boca algo abierta, tratando de respirar todo el aire que le era posible.
    
    —¿Has tenido suerte? —me salió preguntarla y su cara de duda, me hizo matizar— Con los chicos y sus…
    
    —¡Aritz…! —su gesto era pícaro, demasiado meloso, aunque seguía ...
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