1. Mi cachonda prima enfermera (1)


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    Mi nombre es Adrián, tengo 26 años y por un nuevo trabajo en Guadalajara, me vi obligado a dejar mi ciudad. Los primeros meses serían complicados; mi sueldo no alcanzaría para pagar una renta decente, así que recurrí a mi prima Regina. Le pedí, casi rogándole, que me dejara quedarme en su departamento. Prometí cubrir la mitad de los servicios, pero ella dudó. “Adrián, solo tengo una habitación, ¿dónde vas a dormir?”, dijo con esa voz suave pero firme que siempre me desarmaba. “En el sillón, prima, no te preocupes. No te molestaré”, respondí, y tras un suspiro largo, aceptó.
    
    Llegué a la terminal de autobuses un viernes por la tarde, agotado tras el viaje. Allí estaba ella, esperándome. Regina. A sus 27 años era tan hermosa como la recordaba, quizás más. Su figura delgada se recortaba contra la luz del atardecer. Llevaba una falda ajustada que marcaba su cinturita definida y dejaba ver sus piernas torneadas. Sus nalgas, firmes y perfectamente redondeadas, parecían desafiar la gravedad. Su busto pequeño, pero provocador, se insinuaba bajo una blusa ligera que dejaba poco a la imaginación. Su piel blanca como la leche contrastaba con su cabello largo, castaño y ondulado, que caía sobre sus hombros. Y esos anteojos de nerd, como le decía de cariño, le daban un aire inocente que escondía algo más, algo que siempre me había intrigado.
    
    —¡Adrián! Por fin llegas, pensé que te habías perdido, —dijo con una sonrisa, acercándose para darme un abrazo. Su perfume me envolvió ...
    ... mientras su cuerpo se apretaba contra el mío por un instante. Sentí el calor de su piel y un cosquilleo que me recorrió entero.
    
    —No me perdería la oportunidad de verte, —bromeé, guiñándole un ojo. Ella rodó los ojos, pero no pudo ocultar una risita.
    
    El trayecto al departamento fue una mezcla de charlas casuales y miradas furtivas. No podía evitar notar cómo la falda se le subía ligeramente al sentarse en el coche, dejando ver un poco más de sus muslos. Intenté concentrarme en la conversación, pero mi mente ya estaba divagando.
    
    Llegamos a su pequeño pero acogedor departamento. Un espacio sencillo, con una sala que conectaba a la cocina y una puerta que llevaba a su habitación. El sillón, mi futura cama, parecía más incómodo de lo que esperaba, pero no me quejé.
    
    —Bueno, aquí está. Mi humilde hogar, —dijo Regina, girando sobre sus talones con una pose exagerada, como si presentara un palacio. Su blusa se ajustó aún más a su figura, y juro que vi el contorno de sus pezones bajo la tela. Tragué saliva.
    
    Me acerqué a ella para agradecerle su apoyo, quise darle un beso en la mejilla, pero accidentalmente la besé en la comisura de sus labios, aquel roce accidental dejó un instante suspendido, cargado de electricidad. Regina se apartó con un movimiento rápido, sus ojos brillaron tras los anteojos con una mezcla de sorpresa y picardía.
    
    —¡Por poco me besas, wey! —dijo, algo divertida, mientras se llevaba una mano al rostro, como si quisiera esconder una sonrisa.
    
    —Perdón, ...
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