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Mi cachonda prima enfermera (1)
Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... y… bueno, digamos que me las arreglo sola. —Sus palabras colgaron en el aire, y mi mente voló de inmediato al objeto púrpura bajo su almohada. Una chispa de calor me recorrió el pecho al imaginarla, sola en su cama, buscando alivio en la penumbra. —Entiendo —dije, incapaz de apartar la imagen de mi cabeza. Me acerqué un poco más, dejando que mi mano descansara en el respaldo del sillón, a centímetros de su hombro—. Pero ¿sabes? No siempre tienes que arreglártelas sola. Regina ladeó el hombro, invitándome a rozar su piel con la yema de mis dedos. La suavidad de su cuerpo bajo mi caricia envió un escalofrío por mi espalda, pero antes de que pudiera perderme en el momento, ella se puso de pie con un movimiento grácil. —Tengo que ducharme —dijo, ajustándose la falda con una sonrisa que parecía saber exactamente el efecto que tenía en mí—. El turno en el hospital no espera. —Entiendo —respondí, forzando una calma que no sentía, mientras ella desaparecía por el pasillo con un último vistazo travieso por encima del hombro. Me dejé caer en el sillón, buscando distraerme con el zumbido monótono de la televisión. Cambié de canal sin prestar atención, mi mente todavía estaba atrapada en la cercanía de su cuerpo, en la calidez de su piel. Pero entonces, un sonido nuevo cortó el aire. Suave al principio, apenas perceptible sobre el murmullo del televisor, pero inconfundible: gemidos. Venían desde el baño, donde el agua de la regadera caía en un ritmo constante. Apagué el ...
... televisor con el control, el silencio llenó el departamento, dejando solo esos sonidos que se colaban por la puerta del baño. Eran intensos, descarados, como si mi prima no supiera —o no le importara— que el eco de su placer llegaba hasta mí. Mi pulso se aceleró, y sin pensar demasiado, me levanté y caminé hacia la puerta del baño, cada paso más sigiloso que el anterior. Pegué el oído a la madera, y los gemidos se volvieron más claros, más urgentes, acompañados por el chapoteo del agua. Mi imaginación se disparó, pintando imágenes de su cuerpo desnudo bajo el chorro, sus manos explorando donde las mías deseaban estar. Mi instinto tomó el control, y con un movimiento casi inconsciente, giré la perilla de la puerta del baño. Para mi sorpresa, cedió sin resistencia. Empujé lentamente, el vapor cálido escapándose por la rendija, y allí estaba Regina, bajo el chorro de la regadera. El agua resbalaba por su cuerpo, y sus manos sostenían aquel dildo púrpura, metiéndolo por su panocha con una cadencia que me dejó sin aliento. Su pubis, sin depilar, contrastaba con la palidez de su piel, y sus dedos libres acariciaban sus senos, que eran más generosos de lo que su ropa ajustada dejaba imaginar. La imagen era hipnótica, un cuadro de deseo crudo que me hizo olvidar dónde estaba. Quise dar un paso, cruzar ese umbral, pero la razón me frenó. No podía arriesgar mi estancia, no después de que ella me había abierto las puertas de su hogar. Con el corazón latiendo como un tambor, cerré ...