1. Mi cachonda prima enfermera (1)


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... la puerta con el mismo cuidado con el que la había abierto y regresé al sillón. Me dejé caer, fingiendo dormir, aunque mi cuerpo vibraba con la intensidad de lo que había visto. Cerré los ojos, intentando calmar el torbellino en mi mente, mientras el sonido de la regadera se desvanecía.
    
    Minutos después, la puerta del baño se abrió, y escuché los pasos ligeros de Regina cruzando el departamento. No dijo nada, solo se deslizó hacia su habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic suave. La curiosidad me venció otra vez. Me levanté, asegurándome de que no me oyera, y me colé en el baño aún húmedo, buscando algo —cualquier cosa— que pudiera alimentar las fantasías que ahora ardían en mi cabeza. Pero no había nada: ni una prenda olvidada, ni un rastro de su presencia más allá del aroma a jabón que aún flotaba en el aire.
    
    De vuelta en el sillón, tomé mi teléfono y comencé a mensajear a un amigo, mi pulso aún acelerado mientras tecleaba lo que había presenciado. “No vas a creer lo que vi, wey” escribí, describiendo cada detalle con una urgencia que apenas podía contener.
    
    Minutos después, Regina salió de su habitación, transformada por el uniforme de enfermera que se ajustaba a su figura como una segunda piel. El blanco impecable de la tela resaltaba su piel lechosa, y la falda, aunque profesional, dejaba entrever la curva de sus muslos. No pude contenerme.
    
    —Vaya, Regina, te ves… increíblemente sexy —dije, mi voz llena de admiración.
    
    Lejos de apartar la ...
    ... mirada, ella sonrió, con un destello travieso en los ojos.
    
    —Gracias, primo —respondió, girando ligeramente para darme una mejor vista—. Aunque, ¿sabes? Creo que me veo mucho mejor sin esto puesto.
    
    Mis ojos se abrieron de golpe, y un calor repentino me recorrió. No supe qué responder, atrapado entre el deseo y la cautela. Ella soltó una risa suave, recogiendo su bolso.
    
    —Volveré hasta mañana por la mañana —dijo, ajustándose los anteojos—. Esta noche puedes dormir en mi cama, pero solo hoy, ¿eh? No te acostumbres.
    
    —Gracias, prima, eres la mejor —logré articular, aun procesando sus palabras. Ella me guiñó un ojo, cerró la puerta principal con un clic y desapareció, dejando tras de sí un silencio cargado de posibilidades.
    
    No perdí el tiempo. Corrí a su habitación, mi pulso era acelerado por una mezcla de curiosidad y deseo. La cama, con sus sábanas aún impregnadas de su aroma, parecía llamarme, pero mi atención se desvió hacia los cajones de su cómoda. Los abrí uno por uno, revelando un tesoro de ropa interior: encajes negros, tangas de satén rojo, brasieres con detalles que gritaban provocación. Cada prenda era una prueba de que Regina, mi prima de anteojos de nerd, escondía un lado ferozmente sensual. Mis dedos temblaron al rozar un par de panties de encaje, y la tentación de usarlas para mi propio placer fue casi abrumadora.
    
    Pero entonces, bajo la cama, encontré algo que me dejó sin aliento. Un pequeño baúl de madera, cerrado con un candado que cedió con un leve ...
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