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Mi cachonda prima enfermera (1)
Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... tirón. Al abrirlo, el aire se me escapó del pecho. Dentro había un arsenal de deseo: esposas forradas de peluche rosa, trajes de látex que imaginé abrazando sus curvas, un surtido de dildos y vibradores de distintos tamaños, y, en el fondo, un pequeño álbum de fotos. Lo abrí con manos temblorosas. Cada página era una revelación: Regina, en poses audaces, su cuerpo apenas cubierto por lencería o nada en absoluto, capturada en selfies que destilaban una confianza ardiente. En una, sus labios vaginales rositas abrazaban un vibrador; en otra, sus manos jugaban con las esposas, sus ojos desafiaban a la cámara. —Dios, Regina… —susurré, mi voz perdida en la habitación vacía. Mi cuerpo reaccionaba con una urgencia que apenas podía controlar. El álbum seguía abierto frente a mí, cada página era una provocación que encendía mi piel. Mi prima, con las piernas abiertas, exponiendo su panocha húmeda, brillando bajo la luz tenue de su habitación, un dildo negro deslizándose entre sus pliegues. En otra imagen, sus pechos, más llenos de lo que su ropa sugería, estaban cubiertos por un velo de semen que goteaba en finos hilos sobre su piel de porcelana. Había una foto donde sus labios, rosados y entreabiertos, expulsaban un chorro de semen, sus ojos se veían entrecerrados en una mezcla de desafío y placer. Otra la mostraba con los dedos hundidos en su vagina, el vello oscuro de su pubis contrastaba con la palidez de sus muslos, su rostro contorsionado en un éxtasis silencioso. ...
... Cada imagen era un golpe al corazón, una invitación a un mundo de lujuria que no podía ignorar. Mis manos temblaron al tomar una tanga blanca del cajón, su encaje casi etéreo, tan delicado que parecía deshacerse entre mis dedos. Me recosté en su cama, aquellas sábanas de algodón aún estaban tibias, impregnadas de un aroma floral que gritaba su nombre. Envolví mi erección con la tela, la fricción del encaje contra mi piel enviaba chispas de placer por mi columna. Las imágenes de Regina danzaban en mi mente: su cuerpo arqueado, sus gemidos resonando como ecos del baño. No duré mucho. Con un gruñido bajo, me derramé en la tanga, el calor de mi liberación manchó el encaje mientras mi cuerpo se estremecía, atrapado en una ola de placer culpable. Jadeando, me quedé allí, el techo giraba sobre mí. Pero en medio del agotamiento, una certeza se alzó como un faro: mi prima no era solo un deseo fugaz. Quería conquistarla, hacerla mía, no solo en cuerpo, sino en alma. Quería que sus gemidos fueran para mí, que sus ojos me buscaran en la penumbra. Con cuidado, doblé la tanga y la enterré al fondo del cajón, bajo un revoltijo de lencería de encaje y satén. Cerré el baúl, asegurándome de que cada juguete estuviera en su lugar, como si nunca hubiera profanado su santuario. Me dirigí al baño, el suelo aún húmedo por su ducha, el aire cargado de un vapor que olía a su jabón de vainilla. Bajo el chorro frío, intenté apagar el fuego que aún ardía en mis venas, pero cada gota que resbalaba ...